miércoles, 22 de febrero de 2012

EUTIFRÓN ( III )

SEGUNDA DEFINICIÓN:

Digo, pues, que lo santo es lo que es agradable a los dioses e impío lo que les es desagradable.

Nuevamente Sócrates aprovecha esta segunda definición para criticar veladamente a la religión oficial. Señala que las divinidades mitológicas al encontrarse escindidas y en permanente lucha entre ellas, no son un fundamento adecuado para guiar nuestros juicios y acciones ya que relativizan con sus divisiones y luchas todos los posibles valores; La justicia, el bien, lo santo, etc.…

Una misma cosa parece justa a los unos e injusta a los otros, y este disentimiento es la causa de sus disputas y sus guerras.

Luego, la definición dada por Eutifrón no puede ser adecuada al ser relativa –unas veces cierta, otras veces no-, pues como se dijo más arriba, la definición adecuada es la que capta lo permanente, lo que siempre es.

Yo no te preguntaba lo que es a la vez santo e impío; agradable y desagradable a los dioses.

Reformulación de la segunda definición:

Lo santo es lo que aman todos los dioses e impío lo que todos ellos aborrecen.

Para examinar esta definición, Sócrates cree necesario hacer explícita cierta distinción en la acción. La distinción entre; Quien recibe una acción y la operación misma de la acción. Esta distinción es una forma un poco más oscura de abordar la distinción más moderna entre; Lo que es por la acción de otra cosa y Lo que es por si misma.

¿Lo santo es amado por los dioses porque es santo o es santo porque es amado por ellos? (…)

¿No decimos que una cosa es llevada y que otra lleva? ¿Que una cosa es vista y que una cosa ve? ¿Que una cosa es empujada y que una cosa empuja? (…)

La cosa amada ¿No es diferente a la cosa que ama?

Seguidamente, Sócrates expone como la definición adecuada es la que capta no “lo que es por la acción de otra cosa”, sino “lo que es por sí mismo”.

¿La cosa llevada es llevada porque se la lleva o por alguna otra razón? (…)

¿Y la cosa empujada es empujada porque se la empuja y la cosa vista es vista porque se la ve? (…)

Luego no es cierto que se ve una cosa porque es vista, sino por lo contrario; ella es vista porque se la ve. No es cierto que se empuja una cosa porque ella es empujada, sino que ella es empujada porque se la empuja. No es cierto que se lleva una cosa porque es llevada, sino que ella es llevada porque se la lleva. (…)

Ya entiendes lo que quiere decir que se hace una cosa porque ella es hecha, que un ser que padece no padece porque es paciente, sino que es paciente porque padece.

Ahora bien, puesto que amar es una acción; las cosas amadas no son amadas por si mismas sino porque son amadas en la acción misma de amar.

No porque algo es amado se lo ama por los que lo aman, sino que es amado por que se lo ama.

Luego, la definición dada por Eutifrón de lo santo como lo que es amado por los dioses no sería una definición adecuada ya que nos hablaría solo de una cualidad de lo santo y no de lo que es realmente.

Habiendo querido explicarme lo santo, no lo has hecho de su esencia y te has contentado con explicarme una de sus cualidades, que es la de ser amado por los dioses: no me has dicho aún lo que es lo santo por su esencia.

Llegamos así a una nueva puntualización sobre lo que es una definición adecuada: Las definiciones adecuadas no son definiciones de cualidades.

Confesión de desconcierto por parte de su interlocutor.

En este punto del texto se da un estado muy común en los interlocutores de Sócrates y es el descubrimiento –bajo la sensación de desconcierto- de que lo que se creía saber con seguridad no se sabe realmente.

Pero Sócrates, no sé cómo explicarte mi pensamiento, porque todo cuanto sentamos parece girar en torno nuestro sin ninguna fijeza.

Confesión que da pie al reproche de Sócrates; “Confías demasiado en tu sabiduría”.

Para salvar el diálogo, el mismo Sócrates propone que exploren juntos la relación entre lo santo y lo justo para intentar sacar de ahí una definición del primero.

Así, Convienen en que lo santo aunque no es completamente idéntico a lo justo, pues existen acciones justas que no implican necesariamente el ser acciones santas, lo santo si puede abordarse como una parte de lo justo.

Basándose en esto y apoyado en la pregunta; ¿Qué parte de lo justo es lo santo?, Eutifrón aventura una nueva definición.

TERCERA DEFINICIÓN:

Me parece a mí, Sócrates, que la piedad y la santidad son esta parte de lo justo que corresponde al culto de los dioses y que todo lo demás consiste en los cuidados y atenciones que los hombres se deben entre sí.

El culto a los dioses es entendido por Eutifrón como ritual –ofrendas, sacrificios, oraciones-, luego, Sócrates aprovecha esta definición para lanzar una última critica a la religiosidad de su época de este aspecto tan generalizado: “especie de tráfico entre los dioses y los hombres”.

Los dioses –dirá- nada obtienen de este tipo de cuidados –rituales- dispensados por los hombres. Dicho de otro modo, El hombre nada puede ante la omnipotencia propia de los dioses, de ahí que suela extraviarse cuando concentra su espiritualidad en el ritual.

¿Pero de qué utilidad son a los dioses nuestras ofrendas?

Nuevamente en estado de desconcierto y queriendo salvar su anterior definición de lo santo como lo que corresponde al culto de los dioses, Eutifrón afirma que aunque el culto no les sea útil a los dioses, es santo porque con él nos granjeamos su amor. Y he aquí cómo sin darse cuenta vuelve a la segunda definición dada – lo santo como lo que agrada a los dioses- y criticada ya por Sócrates.

El diálogo se cierra con un reproche final por parte de Sócrates hacia Eutifrón que bien podría aplicarse a los fanatismos religiosos al uso en nuestros días:

Creer saber lo que no se sabe y actuar fanáticamente en ese estado de falso conocimiento hasta el punto de comprometer la vida de su propio padre.

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