miércoles, 1 de febrero de 2012

LA APOLOGÍA ( III )

III. Retorno al desarrollo del juicio: La votación y la cuestión de la designación de la pena.

Efectuada la intervención de Sócrates concerniente el tiempo de su defensa, se realiza la votación para determinar su culpabilidad la cual resulta afirmativa por una diferencia de seis votos (281 contra 275).
Queda pues en pie la cuestión de establecer la pena teniendo como opciones; el indulto, el destierro, una multa o la muerte.

La opción del indulto queda fuera de toda cuestión porque resulta incompatible con la forma de vida adoptada, promovida y expuesta aquí por Sócrates ya que supondría deshacerse en suplicas y alabanzas a los jueces buscando su compasión o lo que viene a ser lo mismo, buscando desesperadamente la conservación de la vida orgánica a costa del rebajamiento espiritual (Moral).

Escoger una de la tres penas restantes –manifiesta Sócrates- supone también otro tipo de contradicción: la de proponer para sí mismo un mal cuando lo que ha procurado hacer durante toda su vida, es todo el bien que le es posible.

Más que un castigo –continua Sócrates- lo que merece es un premio; el ser alimentado en el Pritaneo; honor concedido a los bienhechores de la ciudad sobre todo por su desempeño en los juegos olímpico.

Porque éstos, con sus victorias, hacen que aparezcamos felices y yo os hago, no en la apariencia, sino en la realidad.

Sin embargo, puesto que es necesario decidirse por alguno de estos tres males, Sócrates se inclina por el menor y propone esta vez que se le decrete una multa. Su proposición le es denegada y se le condena a muerte.

En deshaceros de mí sólo habéis intentado descargaros del importuno peso de dar cuenta de vuestra vida. (…)
¡Ah, atenienses, no es lo difícil evitar la muerte; lo es mucho más evitar la deshonra, que marcha más ligera que la muerte!


IV. Examen sobre el posible significado de la muerte.

Proferida la condena, Sócrates se permite realizar una pequeña reflexión sobre la realidad de la muerte. Ya ha dicho anteriormente que pronunciarse de manera absoluta sobre este tema no es más que un ejemplo de “sabiduría más que humana” (creer saber lo que no se sabe), sin embargo, esto no descalifica la posibilidad de realizar un ejercicio de lógica sobre lo que podría llegar a ser.

Es preciso de dos cosas una: o la muerte es un absoluto anonadamiento y una privación de todo sentimiento o, como se dice, es un tránsito del alma de un lugar a otro.

Como anonadamiento absoluto –dirá Sócrates- la muerte no supone ningún mal, pues en ese estado nada puede imponerse e importar.

Como tránsito del alma, es imaginado por Sócrates como un viaje a un lugar donde encontrara almas semejantes a la suya y por lo tanto un lugar donde podrá seguir disfrutando con el dialogo de la filosofía.

Despedida.
Pero ya es tiempo de que nos retiremos de aquí, yo para morir, vosotros para vivir. ¿Entre vosotros y yo, quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios.

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