II. Más allá de la vida orgánica; la vida Moral, la Filosofía y el Hombre.
En lo siguiente, Sócrates se desentiende de las acusaciones hechas en el juicio. Ya ha demostrado lo absurdo de unas y señalado que no son más que reacciones hostiles a la forma de vida que decidió adoptar. Así, anticipándose a la condena, aborda una cuestión mucho más central y sensible: la de la inminencia de la muerte, para bajo esta perspectiva exponer con mayor contundencia lo que él entiende por Vivir Bien.
Parece paradójico juzgar a la vida con la muerte, pero cuando observemos en el desarrollo del texto que la vida en el hombre es mucho más que vida orgánica, o mejor aún, que la definición o realización misma de la naturaleza humana supone una trascendencia del marco de ese tipo de vida orgánica, la paradoja desaparece y este proceder se revela como idóneo.
Quizá me dirá alguno: ¿No tienes remordimientos, Sócrates, en haberte consagrado a un estudio que te pone en este momento en peligro de muerte? A este hombre le daré una respuesta muy decisiva y le diré que se engaña mucho al creer que un hombre de valor tome en cuenta los peligros de la vida o de la muerte. Lo único que debe mirar en todos sus procederes es ver si lo que hace es justo o injusto, si es acción de un hombre de bien o de un malvado.
Tener a la acción justa (Lo Justo, La Justicia, El Bien) como brújula de nuestras vidas y acciones aun por encima del miedo a la muerte o lo que es lo mismo; de la conservación de la vida orgánica, conlleva a identificar a la naturaleza del hombre con otro tipo de realidad supra-biológica de la que la Razón viene a ser el puente por el que accedemos a ella.
Temer a la muerte viene a ser pues, un ejemplo de lo que Sócrates llama “Sabiduría más que humana”.
Porque temer la muerte, atenienses, no es otra cosa que creerse sabio sin serlo y creer conocer lo que no se sabe. En efecto, nadie conoce la muerte ni sabe si es el mayor de los bienes para el hombre. Sin embargo, se le teme, como si se supiese con certeza que es el mayor de todos los males. ¡Ah! ¿No es una ignorancia vergonzante creer conocer una cosa que no se conoce?
Del Desenmascaramiento epistemológico al desenmascaramiento Moral; La filosofía como la actividad que propende por el cuidado y el perfeccionamiento del alma.
Ante la posibilidad de conservar su vida a cambio de renegar de la filosofía, es decir, de cesar de filosofar, aquella actitud que hasta este momento nos ha sido expuesta como de “desenmascaramiento epistemológico” (demostrar que no se sabe lo que se cree que se sabe), Sócrates, responde lo siguiente, señalando de esta manera, una nueva dimensión de la actividad filosófica que podemos denominar como de “desenmascaramiento Moral”; evidenciar la Falsa Virtud.
Atenienses, os respeto y os amo; pero obedeceré a Dios antes que a vosotros y, mientras yo viva, no cesaré de filosofar, dándoos siempre consejos, volviendo a mi vida ordinaria y diciendo a cada uno de vosotros cuando os encuentre: Buen hombre, ¿cómo siendo ateniense y ciudadano de la más grande ciudad del mundo por su sabiduría y su valor, cómo no te avergüenzas de no haber pensado más que en amontonar riquezas, en adquirir crédito y honores, en despreciar los tesoros de la verdad y de la sabiduría y de no trabajar para hacer tu alma tan buena como pueda serlo?
Y si alguno me niega que se halla en este estado y sostiene que tiene cuidado de su alma, no se lo negaré al pronto, pero lo interrogaré, lo examinaré, lo refutaré; y si encuentros que no es virtuoso, pero que aparenta serlo, le echaré en cara que prefiere cosas tan abyectas y tan despreciables a las que son de un precio inestimable.
La filosofía, el filosofar, viene a ser una crítica del falso conocimiento y de la falsa virtud, al tiempo que propende por alcanzar el conocimiento cierto y la virtud verdadera. Este doble ejercicio, testimonia el vínculo esencial que existe entre conocimiento y virtud. Concepción central del pensamiento de Sócrates.
Ahora bien, la inversión que vimos desarrollarse en la primera parte de privilegiar a la Justicia sobre la mera conservación orgánica como la brújula de nuestra conducta. La observamos aquí extendida a las cosas del mundo: Privilegiar la riqueza espiritual sobre la material, el cuidado del alma sobre el cuidado del cuerpo. En una palabra, tener a la Virtud como el fundamento de todos los bienes.
Sócrates da un paso más y se proclama como una especie de conciencia para la ciudad;
Muerto yo, atenienses, no encontraréis fácilmente otro ciudadano que el dios conceda a esta ciudad como a un corcel noble y generoso, pero entorpecido por su misma grandeza, y que tiene necesidad de espuela que lo excite y despierte. Se me figura que soy yo el que el Dios ha escogido para excitaros, para punzaros, para predicaros todos los días sin abandonaros un solo instante.
Un Predicador-Mártir de la virtud cuya buena nueva traída a los hombres es…
Una vida sin examen no es vida.
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