
Cuando la filosofía esta íntimamente ligada con la vida; puede prescindir de una obra escrita para ser expuesta ya que se lee con claridad en los actos mismos del hombre-filosofo. El verbo no solo se hace carne en él, sino que se transmite en la carne de las generaciones venideras.
Es este el caso del pensamiento del Sócrates histórico que aunque pareciese quedar oscurecido por la ausencia de un testimonio directo escrito por su propio puño y más bien vemos su existencia gravitar dentro del personaje filosófico-literario expuesto por otros autores en sus obras (en especial en la de su discípulo Platón), podemos sin embargo, aspirar a intentar delimitarlo por ciertos actos o actitudes aceptados generalmente como suyos, de los cuales el más significativo es el de cómo enfrenta la perspectiva de una muerte inminente.
El libro la apología que relata el juicio y la sentencia a muerte de Sócrates resulta especialmente pertinente para ese ejercicio de delimitación.
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