I. Marco del diálogo: la propuesta de la fuga.
El presente diálogo se sitúa un poco después del juicio relatado en la Apología. Como recordaremos, Sócrates fue condenado allí a la pena de muerte, pero cierta coincidencia con el desarrollo de un ritual religioso hace que el cumplimiento de la pena quede en suspenso por unos días y éste deba esperar en prisión hasta el arribo al puerto de la ciudad de la nave que colocaría fin a la celebración.
El diálogo inicia con la visita de Critón a la prisión al romper el alba. Trae consigo la noticia de que la nave ha sido vista a tan sólo un día de distancia y le comunica a Sócrates que tiene todo dispuesto para la fuga, bastando solamente con contar con su aprobación.
La propuesta de Critón es motivada no sólo por su aprecio por la vida de su amigo, sino también y de una manera especial, por el temor de que de llevarse a cabo la ejecución de la pena, la opinión general de la gente le juzgue duramente como mezquino por no haber querido comprometer sus recursos en salvarle.
Por esta vez, Sócrates, sigue mis consejos: sálvate. Porque en cuanto a mí, si mueres, además de verme privado para siempre de ti, de un amigo de cuya pérdida nadie podrá consolarme, témome que muchas gentes, que no nos conocen bien ni a ti ni a mí, crean que pudiendo salvarte a costa de mis bienes de fortuna, te he abandonado. ¿Y hay cosa más indigna que adquirir la reputación de querer más su dinero que sus amigos?
Adicional a esto, Critón insinúa la posibilidad de que Sócrates este cometiendo algún tipo de injusticia por el dolor y desamparo que causaría en su familia y amigos al no optar por salvaguardar la propia vida cuando existe claramente la alternativa de hacerlo; en este caso aceptando la propuesta de fuga.
Sócrates, cometes una acción injusta entregándote tú mismo, cuando puedes salvarte, y trabajando en que se realice en ti lo que tus enemigos más desean en su ardor por perderte. Faltas también a tus hijos, porque los abandonas cuando hay un medio de que puedas alimentarlos y educarlos.
II. Reflexión sobre la opinión general y la opinión racional como criterios de la conducta.
La preocupación por su reputación mostrada por Critón, es aprovechada por Sócrates para tratar la cuestión sobre el valor de la opinión general o del pueblo y la opinión racional o sabía (experta) como orientadoras de nuestras decisiones y conducta.
Hay ciertas opiniones que debemos respetar y otras que debemos despreciar. (…)
¿No encuentras que, con razón, hemos sentado que no es preciso estimar todas las opiniones de los hombres, sino tan sólo algunas, y no de todos los hombres indistintamente, sino tan sólo de algunos? (…)
¿En este concepto, no es preciso estimar sólo las opiniones buenas y desechar las malas? (…)
Las opiniones buenas ¿no son las de los sabios y las malas las de los necios? (…)
Un hombre que se ejercita en la gimnasia, ¿podrá ser alabado o reprendido por un cualquiera que llegue o sólo por el que sea médico o maestro de gimnasia? (…)
¿Debe temer la reprensión y estimar las alabanzas de éste sólo y despreciar lo que digan los demás? (…)
Por esta razón, ¿debe ejercitarse, comer, beber, según le prescriba este maestro y no dejarse dirigir por el capricho de todos los demás? (…)
¿Pero si desobedeciendo a este maestro y despreciando sus atenciones y alabanzas, se deja seducir por las caricias y alabanzas del pueblo y de los ignorantes, no le resultará a mal?
Y es que Sócrates afirma que la opinión sin conocimiento que la más de las veces es la que caracteriza a la opinión general o del pueblo, posee un gran poder corruptor, por lo que debe evitarse y buscar ceñir en cambio nuestra conducta a la opinión racional o con conocimiento.
Si, adoptando la opinión de los ignorantes, destruimos en nosotros lo que sólo se conserva por un régimen sano y se corrompe por un mal régimen, ¿podremos vivir con esta parte de nosotros mismos así de corrompida? (…)
¿Se puede vivir con un cuerpo destruido o corrompido? (…)
¿Y podremos vivir después de corrompida esta otra parte de nosotros mismos, que no tiene salud en nosotros, sino por la justicia, y que la injusticia destruye? ¿O creemos menos noble que el cuerpo esta parte, cualquiera que ella sea, donde residen la justicia y la injusticia? (…)
¿No es más preciosa? (…)
Nosotros mi querido Critón, no debemos curarnos de lo que diga el pueblo, sino sólo de lo que dirá aquel que conoce lo justo y lo injusto, y este juez único es la verdad.
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