martes, 21 de febrero de 2012

EUTFRÓN ( I )


I. Marco del diálogo: las diligencias de Sócrates y Eutifrón con la justicia.

Eutifrón se topa con Sócrates frente al pórtico del Rey, que era el lugar donde se les daba trámite a las acusaciones de homicidio y de ultrajes a la religión.

Cuando se interpelan mutuamente sobre los motivos de su presencia allí, Sócrates contesta que ha sido requerido por la acusación de un joven llamado Melito de Pithos, que le señala como corruptor de la juventud de la ciudad por introducir nuevos dioses desconociendo a los dioses antiguos –acusación que como sabemos prospera y la vemos desarrollarse en el juicio descrito en la apología-.

El motivo de Eutifrón es completamente opuesto; no se encuentra en aquel lugar para responder a una acusación, sino en calidad de acusador de su padre por el delito de homicidio: Un colono de su padre, habiendo bebido en exceso; la emprende a golpes contra un esclavo de la familia hasta causarle la muerte. El padre de Eutifrón apresa al colono y cargándole de cadenas lo arroja a una olla profunda al tiempo que envía a otro de sus servidores a que consulte con las autoridades para que le digan que debe hacer con el prisionero. Sin embargo, antes de que pueda volver el emisario, el colono muere de hambre y de frio pues el padre de Eutifrón se había desentendido inmediatamente de su destino.

Ante las críticas de su familia y amigos por comprometer de esta forma la vida de su progenitor acusándole ante la ley, Eutifrón argumenta que ha sido movido por el principio de que “Delatar, perseguir y castigar la injusticia y el crimen sea quien sea quien lo comete es un signo de santidad”. Además, puesto que Eutifrón se tiene así mismo como un gran conocedor de las cosas divinas y de lo que es santo y es impío, afirma; que no le embarga el más mínimo temor por la acción que ha emprendido.

Sócrates aprovecha esta afirmación para “adularle” por su conocimiento –colocando de esta forma en movimiento su celebre ironización que busca propiciar en sus interlocutores un estado de desprevención - y dice estar dispuesto a declararse discípulo suyo si logra responderle que es lo santo y lo impío, pues esa es la cuestión que hay detrás de las dos acusaciones que los han llevado al portal; la de Melito hacia él, y la de Eutifrón hacia su padre.

El principio de rige aquí la actitud de Sócrates podría resumirse de la siguiente forma: Sólo se acusa justamente si se es un conocedor veraz sobre lo que se acusa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario