III. Examen sobre la justica o injusticia de la acción propuesta por Critón: la fuga.
Se ha convenido hasta aquí, el que nuestras decisiones y conducta no deben regirse por la opinión general si no por la opinión racional que se entiende como la opinión más justa al estar ceñida a la verdad.
La célebre máxima Socrática consignada en el anterior texto La Apología; “Una vida sin examen no es vida”.
Es desarrollada en el presente diálogo por la máxima; “El hombre no debe desear tanto el vivir como el vivir bien”.
Pero, ¿Qué debemos entender por Vivir Bien?
Vivir bien no es otra cosa que vivir como lo reclama la probidad y la justicia.
Lo cual, a su vez, sólo se alcanza a través del examen de la razón. Es decir, que una máxima es el complemento de la otra. O mejor aún, que las dos forman el “Circulo divino” que refleja el vinculo esencial entre Conocimiento y Virtud. Vinculo que representa un tipo de vida (La vida Moral) que trasciende a la vida orgánica.
De ahí, que Sócrates pueda hacer la siguiente afirmación: “Es preciso morir aquí o sufrir cuantos males vengan antes que obrar injustamente”.
Es bajo este enfoque que propone Sócrates debe juzgarse la proposición de fugarse que le hace su amigo Critón.
Es preciso examinar, ante todo, si hay justicia o injusticia en salir de aquí sin el permiso de los atenienses; porque si esto es justo, es preciso ensayarlo, y si es injusto, es preciso abandonar el proyecto.
Sócrates realiza su examen aludiendo a conversaciones antiguas ya que “Aunque la fortuna me sea adversa, no puedo abandonar las máximas de que siempre he hecho profesión” Y a las cuales ha llegado por el uso detenido de la razón.
Una de estas máximas la desarrolla de la siguiente forma:
Es preciso no cometer injusticia de ninguna manera…
No hay diferencia entre hacer el mal y ser injusto.
Luego, Es preciso, por consiguiente, no hacer jamás injusticia ni volver mal por mal, cualquiera que sea el que hayamos recibido.
Convenida la anterior proposición, lo siguiente es analizar si el incumplir con los deberes pactados (en este caso con el Estado) es un tipo de injusticia o no.
Sócrates realiza una analogía entre la Ley del Estado y una Madre pródiga, pues dentro de esa Ley; han vivido y se han unido nuestros padres, dentro de esa Ley; nosotros mismos, hemos nacido, hemos crecido y hemos sido educados;
¿No soy yo a la que debes la vida? (…) – Imagina Sócrates que nos interpela la Ley- Y siendo esto así, puesto que has nacido y has sido mantenido y educado gracias a mí, ¿Te atreverás a sostener que no eres hijo y servidor nuestro lo mismo que tus padres?
Adicionalmente, está el hecho de que si nos sentimos inconformes con esa Ley en la que hemos nacido, existe la posibilidad de emigrar a otra parte, por lo que si se permanece en la ciudad, implícitamente estamos refrendando el pacto de estar sujeto a sus leyes, controvirtiendo sus decretos solamente interpelando a la razón y no por medio de la violencia.
Así, al desobedecer las leyes, no sólo faltamos a nuestros deberes pactados, sino que, ponemos al mismo tiempo en riesgo la vida y supervivencia de la sociedad que nos ha procurado sustento.
¿Qué Estado puede subsistir si los fallos dados no tienen ninguna fuerza y son eludidos por los particulares?
En este sentido, la propuesta hecha por Critón implicaría cometer una injusticia y puesto que se ha establecido antes como principio el que en ningún caso debe cometerse injusticia, ni aun, cuando seamos victimas de injusticia, es preciso abandonar el proyecto de la fuga y enfrentar Sócrates la pena decretada por las Leyes de su ciudad.
Por último, con relación al argumento hecho por Critón al comienzo del diálogo de que Sócrates estaría haciendo mal no salvaguardando su vida en interés de su familia y amigos. Sócrates responde:
No te fijes ni en tus hijos, ni en tu vida, ni en ninguna otra cosa, sea lo que sea más que en la justicia…
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