miércoles, 13 de junio de 2012

HIPIAS MENOR ( II )


II. SEGUNDA CUESTIÓN.

¿Cómo es posible que los que cometan falta en algo intencionalmente sean mejores que los que lo hacen involuntariamente? O en palabras de Hipias, en las que se vierte una inquietud que nos resulta fácil compartir:
¿Cómo es posible, Sócrates, que los que cometen injusticia voluntariamente, los que maquinan acechanzas y hacen mal intencionadamente sean mejores que los que no tienen esa intención? Me parece que merece excusa quien comete injusticia o miente o hace algún otro mal sin darse cuenta. 

Sócrates comienza a interrogar a Hipias sobre si existe una forma considerada como buena o adecuada de hacer las cosas y otra mala o inadecuada de hacerlas.

Seguidamente, establece que el realizar una acción “bien” es una prueba de capacidad, mientras que el realizarla “mal” lo sería de una incapacidad.

Sin embargo, como se dijo al principio en relación a la veracidad y la mentira; quien es más capaz de lo bueno, en virtud de esa misma capacidad sería el más capaz de lo malo. Así, puesto que a estos hombres –los más capaces- les resultaría posible realizar el mal voluntariamente por su capacidad, es legítimo plantear en los diversos ámbitos de la vida humana la cuestión:  
¿Es preferible hacer el mal por capacidad, es decir, voluntariamente o realizar el mal a pesar de sí, por incapacidad, involuntariamente?

En relación al cuerpo y los ejercicios del cuerpo…
¿Luego en la carrera el que ejecuta cosas mal hechas involuntariamente es peor que el que las ejecuta voluntariamente? (…)

¿Luego también en la lucha el que ejecuta actos malos y feos voluntariamente es mejor luchador que el que los ejecuta involuntariamente? (…)

¿Y en todos los otros ejercicios del cuerpo? ¿No es cierto que el mejor respecto al cuerpo es capaz de realizar ambas clases de cosas, las fuertes y las débiles, las feas y las bellas, de forma que, cuando en lo que concierne al cuerpo se realizan cosas mal hechas, el mejor respecto al cuerpo las realiza voluntariamente, y el peor involuntariamente? (…)

Luego también la mala apariencia, cuando es voluntaria, proviene de la perfección del cuerpo, y cuando es involuntaria, proviene de la imperfección. (…)

¿Preferirías tener unos pies que cojearan voluntariamente, o involuntariamente? (…)

¿Qué ojos querrías tú poseer y tener contigo, aquellos con los que voluntariamente ves poco y con estrabismo, o los ojos con los que esto sucede involuntariamente? (…)

Por tanto, una sola afirmación abarca todo esto: no es deseable poseer, porque son malos, los oídos, las narices, la boca y todos los órganos de los sentidos que trabajan mal involuntariamente; en cambio, es deseable poseer, porque son buenos, los que lo hacen voluntariamente. 

En relación a los objetos o instrumentos del mundo…
¿Y el uso de qué instrumentos es mejor, el de aquellos con los que se trabaja mal voluntariamente o el de aquellos con los que se trabaja mal involuntariamente? Por ejemplo, ¿Es mejor un timón con el que se pilota mal sin quererlo o uno con el que se hace mal queriéndolo? 

Respecto a las actividades del alma…
Respecto a todas las artes y conocimientos, ¿No es mejor la que voluntariamente hace las cosas mal y torpemente y comete errores, y es peor la que hace esto involuntariamente? 

Recapitulando; resulta de todos estos ejemplos anteriores que realizar “mal” diferentes acciones voluntariamente denota cierta capacidad en el hombre, mientras que, realizarlas “mal” involuntariamente es señal de una incapacidad.

En la capacidad existe pues una libertad; hacer bien o mal algo voluntariamente.

En la incapacidad, hay en cambio, una necesidad; realizar el mal a pesar de sí por ignorancia.

Es esta libertad que otorga la capacidad, lo que hace mejor al primer hombre (el hombre capaz) sobre el segundo (el hombre incapaz).

Así, no sólo es deseable la capacidad del mal, sino que esta proviene de cierta perfección del alma, o dicho en otras palabras, es el reverso de la capacidad para el bien, sello del alma buena.

Esto conlleva a la aparente paradoja moral: es el alma buena la única que está en la capacidad de realizar el mal voluntariamente.

Luego el que comete errores voluntariamente y hace cosas malas e injustas, Hipias, si este hombre existe, no puede ser otro que el hombre bueno. 

Que este “hombre capaz” llegue a realizar el mal o no, es algo que el presente diálogo deja en suspenso, y es la existencia de esta sola posibilidad gravitando sobre nosotros la que crea el efecto de inquietud que tenemos al leerlo.

Sin embargo, en el desarrollo de su filosofía, Sócrates afirmara constantemente que “nadie comete el mal voluntariamente” lo que supondría que estando en posesión del conocimiento que otorga la capacidad nos inclinaríamos naturalmente al bien.

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