Quinta definición: la sabiduría
como autoconocimiento –conocerse a sí mismo-.
(Critias)
Conócete a ti mismo y sé sabio es la misma cosa,… (…)
La sabiduría consiste
en conocerse a sí mismo.
Puntualizaciones:
La cuarta definición ha dejado claro la contradicción que
supone el concebir la sabiduría como un saber, sin introducir al mismo tiempo
la condición de que se sepa a sí misma como saber, es decir, que necesariamente
la sabiduría es autoconocimiento.
Critias se ha inclinado por adscribirse a la idea
expresada en el oráculo de Delfos y postular a la sabiduría como “el
conocimiento de sí mismo”.
Más que refutar esta definición pues parte de un
principio convenido por los dos – la sabiduría es necesariamente
autoconocimiento-, Sócrates se propone detallar un poco más esta condición.
Para Sócrates “Conocer” y “Ciencia” son términos
análogos, dicho de otro modo; no existe para él un conocimiento que no sea
ciencia.
Por lo tanto, si la sabiduría es un conocer o ciencia,
debe ser un conocer o ciencia de “algo”, además de que debe ser útil de alguna
forma, producir “algo”.
Esto le lleva a formular la siguiente pregunta: ¿Cuál
es el objeto de la sabiduría? Y ¿qué bien o utilidad nos procura?
En un primer momento, Sócrates piensa que al igual que
las otras ciencias donde su objeto se diferencia del saber, la sabiduría debe
poder señalar también un objeto distinto de sí misma.
Critias por el contrario defiende que nada les obliga
a pensar en la sabiduría en términos idénticos a las demás ciencias y que
precisamente quizás se caracteriza por ser diferente a todas ellas.
Mientras que todas las
demás ciencias son ciencias de un objeto particular y no del todo de ellas
mismas, sólo la sabiduría es la ciencia de otras ciencias y de sí misma.
Tal pensamiento lleva a Critias a una nueva
definición.
Sexta definición: la sabiduría
como ciencia de todas las demás ciencias y de sí misma. (Critias)
Pienso que, única entre
todas las demás ciencias, la sabiduría es la ciencia de sí misma y de todas las
demás ciencias.
Sócrates se propone el ejercicio de llevar al extremo
la condición de autoconocimiento de la
sabiduría deducido en el examen de la definición 4 y nos presenta aquí la
imposibilidad del autoconocimiento como una “autoreferencia absoluta” es decir
una autoreferencia que no recurre a ningún objeto concreto externo.
Sócrates comienza señalando como un “saber
de sí” –saber que se sabe- se encuentra ligado siempre a la concepción
de un objeto, es decir, que primero es un “saber de algo”.
Con más razón aun, lo anterior debe aplicarse si hablamos
de un “saber de un saber” –ciencia de una ciencia- como se pretende
definir aquí a la sabiduría.
Para ilustrar este punto, Sócrates se sirve de una
analogía con la acción de “Sentir”;
El “sentir” se encuentra más claramente ligado a un
objeto en particular, de igual forma lo estará la “conciencia del sentir” –que
sólo es un nuevo nivel de referencia-.
Aquí, apreciamos la contradicción que supone concebir
una “conciencia del sentir” sin “objeto del sentir”.
¿Concibes una vista,
que no viese ninguna de las cosas que ven las demás vistas, pero que sea la
vista de sí misma y de las demás vistas, y hasta de lo que no es visto?
¿Concibes una vista que no viese el color, a pesar de ser vista, pero que se
viese a ella misma y las demás vistas? ¿Crees que semejante vista existe? (…)
¿Concibes un oído, que
no oyese ninguna voz, pero que se oyese a sí mismo y a los otros oídos, y hasta
lo que no es oído? (…)
Considerando todos los
sentidos a la vez, ¿te parece posible que haya uno que sea el sentido de sí
mismo y de los otros sentidos, pero que no sienta nada de los que los otros
sentidos sienten?
Llegados a este punto, observamos como al igual que la
autoreferencia en el sentir (la conciencia del sentir; el oír que se oye a sí
mismo- no es absoluta sino que precisa de la referencia simple –el sonido que
hace posible el mero oír); la sabiduría como ciencia de las ciencias (conciencia del saber) sólo es posible en virtud de una referencia primaria a
los objetos particulares de estas ciencias.
Sin embargo, al realizar esta referencia primaria deja
de ser general y se diluye en cada ciencia particular.
Es en efecto por medio
de la medicina, y no por la sabiduría, como conoce lo que es sano; por la música,
y no por la sabiduría, lo que es armonioso; por la arquitectura, y no por la
sabiduría, lo que es propio para construir, y así de lo demás,…
Se deduce de lo anterior que también la utilidad de la
sabiduría sería realmente la utilidad de cada una de estas ciencias
particulares, por lo que en sí misma resultaría inútil, y esto es contrario a
la afirmación aceptada por la mayoría de los hombres de que: “la sabiduría es
una cosa buena y útil.”
El diálogo termina pues sin una definición
satisfactoria de lo que es la sabiduría y Cármides conviene entonces en
entregarse en el futuro a las “palabras mágicas” de Sócrates para algún día
lograr alcanzarla.
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