viernes, 8 de junio de 2012

CÁRMIDES ( III )


Quinta definición: la sabiduría como autoconocimiento –conocerse a sí mismo-.  (Critias)
Conócete a ti mismo y sé sabio es la misma cosa,… (…)
La sabiduría consiste en conocerse a sí mismo. 


Puntualizaciones:
La cuarta definición ha dejado claro la contradicción que supone el concebir la sabiduría como un saber, sin introducir al mismo tiempo la condición de que se sepa a sí misma como saber, es decir, que necesariamente la sabiduría es autoconocimiento.

Critias se ha inclinado por adscribirse a la idea expresada en el oráculo de Delfos y postular a la sabiduría como “el conocimiento de sí mismo”.

Más que refutar esta definición pues parte de un principio convenido por los dos – la sabiduría es necesariamente autoconocimiento-, Sócrates se propone detallar un poco más esta condición.

Para Sócrates “Conocer” y “Ciencia” son términos análogos, dicho de otro modo; no existe para él un conocimiento que no sea ciencia.

Por lo tanto, si la sabiduría es un conocer o ciencia, debe ser un conocer o ciencia de “algo”, además de que debe ser útil de alguna forma, producir “algo”.

Esto le lleva a formular la siguiente pregunta: ¿Cuál es el objeto de la sabiduría? Y ¿qué bien o utilidad nos procura?

En un primer momento, Sócrates piensa que al igual que las otras ciencias donde su objeto se diferencia del saber, la sabiduría debe poder señalar también un objeto distinto de sí misma.

Critias por el contrario defiende que nada les obliga a pensar en la sabiduría en términos idénticos a las demás ciencias y que precisamente quizás se caracteriza por ser diferente a todas ellas.
Mientras que todas las demás ciencias son ciencias de un objeto particular y no del todo de ellas mismas, sólo la sabiduría es la ciencia de otras ciencias y de sí misma. 

Tal pensamiento lleva a Critias a una nueva definición.



Sexta definición: la sabiduría como ciencia de todas las demás ciencias y de sí misma.  (Critias)
Pienso que, única entre todas las demás ciencias, la sabiduría es la ciencia de sí misma y de todas las demás ciencias. 

Sócrates se propone el ejercicio de llevar al extremo la condición de autoconocimiento de la sabiduría deducido en el examen de la definición 4 y nos presenta aquí la imposibilidad del autoconocimiento como una “autoreferencia absoluta” es decir una autoreferencia que no recurre a ningún objeto concreto externo.

Sócrates comienza señalando como un “saber de sí” –saber que se sabe- se encuentra ligado siempre a la concepción de un objeto, es decir, que primero es un “saber de algo”.

Con más razón aun, lo anterior debe aplicarse si hablamos de un “saber de un saber” –ciencia de una ciencia- como se pretende definir aquí a la sabiduría.

Para ilustrar este punto, Sócrates se sirve de una analogía con la acción de “Sentir”;
El “sentir” se encuentra más claramente ligado a un objeto en particular, de igual forma lo estará la “conciencia del sentir” –que sólo es un nuevo nivel de referencia-. 

Aquí, apreciamos la contradicción que supone concebir una “conciencia del sentir” sin “objeto del sentir”.
¿Concibes una vista, que no viese ninguna de las cosas que ven las demás vistas, pero que sea la vista de sí misma y de las demás vistas, y hasta de lo que no es visto? ¿Concibes una vista que no viese el color, a pesar de ser vista, pero que se viese a ella misma y las demás vistas? ¿Crees que semejante vista existe? (…)
¿Concibes un oído, que no oyese ninguna voz, pero que se oyese a sí mismo y a los otros oídos, y hasta lo que no es oído? (…)
Considerando todos los sentidos a la vez, ¿te parece posible que haya uno que sea el sentido de sí mismo y de los otros sentidos, pero que no sienta nada de los que los otros sentidos sienten? 

Llegados a este punto, observamos como al igual que la autoreferencia en el sentir (la conciencia del sentir; el oír que se oye a sí mismo- no es absoluta sino que precisa de la referencia simple –el sonido que hace posible el mero oír); la sabiduría como ciencia de las ciencias (conciencia del saber) sólo es posible en virtud de una referencia primaria a los objetos particulares de estas ciencias.

Sin embargo, al realizar esta referencia primaria deja de ser general y se diluye en cada ciencia particular.
Es en efecto por medio de la medicina, y no por la sabiduría, como conoce lo que es sano; por la música, y no por la sabiduría, lo que es armonioso; por la arquitectura, y no por la sabiduría, lo que es propio para construir, y así de lo demás,… 

Se deduce de lo anterior que también la utilidad de la sabiduría sería realmente la utilidad de cada una de estas ciencias particulares, por lo que en sí misma resultaría inútil, y esto es contrario a la afirmación aceptada por la mayoría de los hombres de que: “la sabiduría es una cosa buena y útil.” 

El diálogo termina pues sin una definición satisfactoria de lo que es la sabiduría y Cármides conviene entonces en entregarse en el futuro a las “palabras mágicas” de Sócrates para algún día lograr alcanzarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario