II. CUESTIÓN Y MÉTODO.
Critias se deshace en elogios hacia Cármides
declarándole como el joven no sólo más bello sino también el más sabio de los
de su generación.
Ante tal afirmación Sócrates le replica que de ser
cierta, Cármides no precisaría pues de las “palabras mágicas” que está
dispuesto a ofrecerle como remedio. Pero que, si por el contrario, reconociese
el joven que aun tiene mucho que aprender, él procedería con el mayor placer a
“hechizarle”.
Cármides declara que siente que no estaría bien que
ratificase o desmintiese él mismo la opinión expresada por su maestro Critias.
El gesto de modestia le resulta agradable a Sócrates por lo que le propone que
en vez de pronunciarse directamente sobre el asunto, examinen juntos si posee o
no la cualidad en cuestión: la sabiduría.
Para lograrlo plantea el siguiente razonamiento que
les serviría de método de indagación: si Cármides en verdad posee la sabiduría y
se observase a sí mismo, esta se sentirá claramente y estaría en condiciones de
ofrecer una definición adecuada de la misma.
Evidentemente, si
posees la sabiduría eres capaz de formar juicio sobre ella, porque residiendo
en ti, si de hecho reside, es una necesidad que se haga sentir interiormente, y
haciéndose sentir, no puedes menos de formarte una opinión sobre la naturaleza
y caracteres de la sabiduría…
Bastara entonces, con que Cármides responda a la pregunta: ¿Qué
es la sabiduría?
III. DEFINICIONES SOBRE LA SABIDURÍA.
Primera definición: la sabiduría
como cierta medida o mesura. (Cármides)
Concluyó por decir que
la sabiduría le parecía consistir en hacer todas las cosas con moderación y
medida; en andar, hablar, obrar en todo de esta manera; en una palabra, añadió,
la sabiduría, es, a mi juicio, una cierta medida.
Critica:
Antes de examinar esta definición, Sócrates hace que
Cármides convenga con él en el principio de que la sabiduría es una cosa
necesariamente bella.
Con este principio establecido, comienza pues, a
enumerar varias acciones como; escribir, leer, tocar la lira, luchar, saltar,
correr… y a formular la pregunta de si todas ellas son más bellas si se
realizan con rapidez y agilidad o con la autolimitación propia de la medida.
Tocar la lira con
soltura y luchar con agilidad, ¿no es más bello que hacer todas estas cosas con
mesura y lentitud?
Como se observa, Sócrates ha asimilado aquí las ideas
de rapidez, agilidad y facilidad con la idea de gracia, noción que está mucho
más cerca de la concepción de la belleza que las ideas de pesadez, lentitud y
esfuerzo con que identifica a la medida o mesura.
Así, si nos resultan más bellas las ideas del primer
grupo que las del segundo, la sabiduría sería más agilidad que mesura y la definición dada quedaría invalidada.
Como los anteriores ejemplos han sido tomados de
ejercicios del cuerpo, seguidamente Sócrates aplica el mismo razonamiento a
ejercicios del alma como; aprender, recordar, comprender... obteniendo la misma
conclusión; que son mucho más bellos si se realizan con rapidez y agilidad que
si se hacen con mesura.
De donde se sigue,
razonando hasta aquí, que la sabiduría no es la mesura, ni una vida mesurada es
una vida sabia, siendo la sabiduría inseparable de la belleza. Porque no hay
medio de negarlo; las acciones mesuradas nunca, o salvas bien pocas
excepciones, nos parecen, en el curso de la vida, más bellas que las que se
realizan con energía y rapidez.
Segunda definición: la sabiduría
como pudor. (Cármides)
Me parece, que lo
propio de la sabiduría es producir el rubor, hacer al hombre modesto y
vergonzoso; la sabiduría es, pues, el pudor.
Critica:
De nuevo, antes de afrontar el examen de la definición
dada por Cármides, Sócrates le lleva a convenir con él otro principio; el de
que la sabiduría es una cosa necesariamente buena y por lo tanto no puede
producir lo malo.
La sabiduría no es sólo
una cosa bella, sino una cosa buena.
Luego -concluye Sócrates-, la sabiduría como una cosa
necesariamente buena, no puede ser el pudor, ya que como se dijo, en ningún
caso la sabiduría puede resultar mala y el pudor lo es en ciertos momentos como
por ejemplo en la indigencia.
La sabiduría es buena,
puesto que hace bueno a los que la poseen, sin hacerlos jamás malos. (…)
Luego la sabiduría no
es pudor, puesto que es esencialmente buena, y que el pudor tan pronto es
bueno, tan pronto malo.
“el pudor no es bueno al indigente.”
Tercera definición: la sabiduría
como el hacer lo que nos es propio.
(Cármides/Critias)
La sabiduría consiste
en hacer lo que nos es propio.
Critica:
Sócrates comienza su examen de la definición ofrecida
preguntando si ciertos oficios como construir, tejer, curar, hacer zapatos,
etc., pueden considerarse como “un hacer algo” o no.
Cuando obtiene el asentimiento de Cármides de que
efectivamente todos ellos son “un hacer algo”, le señala lo mal administrada
que estaría una ciudad en el caso que ordenase a sus ciudadanos de que cada uno
realizase todas estas acciones exclusivamente para sí mismos, en relación a la
ciudad que promoviera por el contrario el que muchas de estas acciones se
realicen para “otros”.
¿Te parecería bien
administrada la ciudad, en la que la ley ordenase a cada ciudadano tejer y
lavar sus ropas, hacer su calzado, su vendaje, sus frascos de perfumes y todo
lo demás, de suerte que, sin echar mano a lo que no le perteneciera, amoldase e
hiciese por sí mismo todo lo que le fuese propio?
Luego, “el hacer para otros” –recalca Sócrates- es tan
sabio o más en una ciudad, que el limitarse a “hacer para sí mismo” o “hacer lo
que nos es propio”.
Cuarta definición: la sabiduría
como la práctica del bien. (Critias)
El que no hace el bien
sino que hace el mal, declaro que no es sabio; al que no hace el mal sino el
bien, le declaro sabio. La práctica del bien; he aquí precisamente cómo defino
la sabiduría.
Critica:
Ésta definición es un intento de reformulación de la
definición tercera; “la sabiduría como el hacer lo que nos es propio”.
Critias –quien releva a Cármides en la indagación-
afirma que si se acepta la distinción entre “trabajar” como un actuar
sin relación con lo bello y “ocuparse” como un actuar en vista
de lo bello y de lo útil; “hacer lo que nos es propio” debe entenderse como un
ocuparse y no como un trabajar, es decir, como la práctica del bien.
Sócrates acepta su reformulación pero inmediatamente
le replica que tomar la sabiduría como la práctica del bien, equivaldría en
muchos casos a aceptar que la sabiduría puede ser “un saber que no se sabe”, ya
que en varias ocasiones hacemos el bien sin saberlo.
Una cosa me llama la
atención, y es, que admites que un hombre pueda ser sabio y no saber que lo es.
(…)
Sucede algunas veces
que un médico hace unas cosas útiles y otras dañosas sin saber lo que hace. Sin
embargo, según tú, cuando obra útilmente obra sabiamente… (…)
Luego, al parecer,
puesto que obra algunas veces útilmente, obra sabiamente, es sabio; y sin
embargo, él no se conoce, no sabe que es sabio.
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