miércoles, 6 de junio de 2012

CÁRMIDES ( II )


    II.  CUESTIÓN Y MÉTODO.

Critias se deshace en elogios hacia Cármides declarándole como el joven no sólo más bello sino también el más sabio de los de su generación.
Ante tal afirmación Sócrates le replica que de ser cierta, Cármides no precisaría pues de las “palabras mágicas” que está dispuesto a ofrecerle como remedio. Pero que, si por el contrario, reconociese el joven que aun tiene mucho que aprender, él procedería con el mayor placer a “hechizarle”.

Cármides declara que siente que no estaría bien que ratificase o desmintiese él mismo la opinión expresada por su maestro Critias. El gesto de modestia le resulta agradable a Sócrates por lo que le propone que en vez de pronunciarse directamente sobre el asunto, examinen juntos si posee o no la cualidad en cuestión: la sabiduría.

Para lograrlo plantea el siguiente razonamiento que les serviría de método de indagación: si Cármides en verdad posee la sabiduría y se observase a sí mismo, esta se sentirá claramente y estaría en condiciones de ofrecer una definición adecuada de la misma.
Evidentemente, si posees la sabiduría eres capaz de formar juicio sobre ella, porque residiendo en ti, si de hecho reside, es una necesidad que se haga sentir interiormente, y haciéndose sentir, no puedes menos de formarte una opinión sobre la naturaleza y caracteres de la sabiduría… 

Bastara entonces, con que  Cármides responda a la pregunta: ¿Qué es la sabiduría?



   III.  DEFINICIONES SOBRE LA SABIDURÍA.

 Primera definición: la sabiduría como cierta medida o mesura. (Cármides)
Concluyó por decir que la sabiduría le parecía consistir en hacer todas las cosas con moderación y medida; en andar, hablar, obrar en todo de esta manera; en una palabra, añadió, la sabiduría, es, a mi juicio, una cierta medida. 

Critica:
Antes de examinar esta definición, Sócrates hace que Cármides convenga con él en el principio de que la sabiduría es una cosa necesariamente bella.

Con este principio establecido, comienza pues, a enumerar varias acciones como; escribir, leer, tocar la lira, luchar, saltar, correr… y a formular la pregunta de si todas ellas son más bellas si se realizan con rapidez y agilidad o con la autolimitación propia de la medida.
Tocar la lira con soltura y luchar con agilidad, ¿no es más bello que hacer todas estas cosas con mesura y lentitud?  

Como se observa, Sócrates ha asimilado aquí las ideas de rapidez, agilidad y facilidad con la idea de gracia, noción que está mucho más cerca de la concepción de la belleza que las ideas de pesadez, lentitud y esfuerzo con que identifica a la medida o mesura.

Así, si nos resultan más bellas las ideas del primer grupo que las del segundo, la sabiduría sería más agilidad que mesura y la definición dada quedaría invalidada.

Como los anteriores ejemplos han sido tomados de ejercicios del cuerpo, seguidamente Sócrates aplica el mismo razonamiento a ejercicios del alma como; aprender, recordar, comprender... obteniendo la misma conclusión; que son mucho más bellos si se realizan con rapidez y agilidad que si se hacen con mesura.
De donde se sigue, razonando hasta aquí, que la sabiduría no es la mesura, ni una vida mesurada es una vida sabia, siendo la sabiduría inseparable de la belleza. Porque no hay medio de negarlo; las acciones mesuradas nunca, o salvas bien pocas excepciones, nos parecen, en el curso de la vida, más bellas que las que se realizan con energía y rapidez.



Segunda definición: la sabiduría como pudor.  (Cármides)
Me parece, que lo propio de la sabiduría es producir el rubor, hacer al hombre modesto y vergonzoso; la sabiduría es, pues, el pudor. 

Critica:
De nuevo, antes de afrontar el examen de la definición dada por Cármides, Sócrates le lleva a convenir con él otro principio; el de que la sabiduría es una cosa necesariamente buena y por lo tanto no puede producir lo malo.
La sabiduría no es sólo una cosa bella, sino una cosa buena.

Luego -concluye Sócrates-, la sabiduría como una cosa necesariamente buena, no puede ser el pudor, ya que como se dijo, en ningún caso la sabiduría puede resultar mala y el pudor lo es en ciertos momentos como por ejemplo en la indigencia.
La sabiduría es buena, puesto que hace bueno a los que la poseen, sin hacerlos jamás malos. (…)
Luego la sabiduría no es pudor, puesto que es esencialmente buena, y que el pudor tan pronto es bueno, tan pronto malo.

“el pudor no es bueno al indigente.”



Tercera definición: la sabiduría como el hacer lo que nos es propio.  (Cármides/Critias)
La sabiduría consiste en hacer lo que nos es propio. 

Critica:
Sócrates comienza su examen de la definición ofrecida preguntando si ciertos oficios como construir, tejer, curar, hacer zapatos, etc., pueden considerarse como “un hacer algo” o no.

Cuando obtiene el asentimiento de Cármides de que efectivamente todos ellos son “un hacer algo”, le señala lo mal administrada que estaría una ciudad en el caso que ordenase a sus ciudadanos de que cada uno realizase todas estas acciones exclusivamente para sí mismos, en relación a la ciudad que promoviera por el contrario el que muchas de estas acciones se realicen para “otros”.
¿Te parecería bien administrada la ciudad, en la que la ley ordenase a cada ciudadano tejer y lavar sus ropas, hacer su calzado, su vendaje, sus frascos de perfumes y todo lo demás, de suerte que, sin echar mano a lo que no le perteneciera, amoldase e hiciese por sí mismo todo lo que le fuese propio?  

Luego, “el hacer para otros” –recalca Sócrates- es tan sabio o más en una ciudad, que el limitarse a “hacer para sí mismo” o “hacer lo que nos es propio”.



Cuarta definición: la sabiduría como la práctica del bien.  (Critias)
El que no hace el bien sino que hace el mal, declaro que no es sabio; al que no hace el mal sino el bien, le declaro sabio. La práctica del bien; he aquí precisamente cómo defino la sabiduría. 

Critica:
Ésta definición es un intento de reformulación de la definición tercera; “la sabiduría como el hacer lo que nos es propio”.

Critias –quien releva a Cármides en la indagación- afirma que si se acepta la distinción entre “trabajar” como un actuar sin relación con lo bello y “ocuparse” como un actuar en vista de lo bello y de lo útil; “hacer lo que nos es propio” debe entenderse como un ocuparse y no como un trabajar, es decir, como la práctica del bien.

Sócrates acepta su reformulación pero inmediatamente le replica que tomar la sabiduría como la práctica del bien, equivaldría en muchos casos a aceptar que la sabiduría puede ser “un saber que no se sabe”, ya que en varias ocasiones hacemos el bien sin saberlo.
Una cosa me llama la atención, y es, que admites que un hombre pueda ser sabio y no saber que lo es. (…)
Sucede algunas veces que un médico hace unas cosas útiles y otras dañosas sin saber lo que hace. Sin embargo, según tú, cuando obra útilmente obra sabiamente… (…)
Luego, al parecer, puesto que obra algunas veces útilmente, obra sabiamente, es sabio; y sin embargo, él no se conoce, no sabe que es sabio.

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