I. Marco del diálogo.
Sócrates recién ha
regresado a la ciudad después de una larga ausencia por cumplir con sus deberes
obligatorios para con el ejercito. Al visitar la palestra se encuentra con
Querefón quien le conduce junto a Critias para que les refiera a los dos los
pormenores de la batalla de Potidea en la que había en la había tomado parte.
Concluido el relato y
ardoroso en entregarse al placer de las conversaciones que frecuentaba antes de
partir, Sócrates les pregunta a su vez sobre el estado de la filosofía y sobre cuál
era el joven que más destacaba entre todos por su belleza y su sabiduría.
Les pregunté a mi vez qué era de la filosofía,
y si entre los jóvenes se habían distinguido algunos por su saber o su belleza,
o por ambas cosas. (1)
Critias como
respuesta, le señala a un joven de nombre Cármides –pariente y discípulo suyo-
quien entraba en aquel preciso momento en el recinto y cuya sola presencia por su gran
belleza turbaba a todos los presentes, lo mismo jóvenes que viejos.
Indudablemente me pareció admirable por sus
proporciones y su figura, y advertí que todos los demás jóvenes estaban
enamorados de él, como lo mostraba la turbación y emoción que noté en ellos
cuando Cármides entró.
Sócrates puntualiza que
a pesar del innegable poder de seducción que emana de la belleza física de
Cármides, éste sólo sería del todo irresistible si poseyese a su vez un alma
igualmente bella.
Que la naturaleza, (…) le haya tratado con
la misma generosidad respecto del alma…
Por lo que propone
examinar primero el alma del joven Cármides antes de dejarse llevar por
cualquier entusiasmo.
¿Y por qué, (…) no pondremos primero en
evidencia su alma, y no la contemplaremos antes que su cuerpo?
No les resulte demasiado tarde y se cumpla el dicho atribuido a Cidias: “No vayas, inocente gamo, a presentarte al
león, si no quieres que te despedace.”
El arte de la cura a través de la palabra.
Critias convoca al
joven Cármides a que se les una con el pretexto de que Sócrates puede curarle
de los persistentes dolores de cabeza de que se ha venido quejando en los últimos
días.
Sócrates por su
parte, acepta el reto ante el joven y afirma que procederá usando un antiguo método
“mágico” que le fue confiado cuando prestó servicio en el ejército.
Le respondí que mi remedio consistía en
cierta yerba, pero que era preciso añadir ciertas palabras mágicas; que
pronunciando las palabras y tomando el remedio al mismo tiempo, se recobraba
enteramente la salud; pero que, por el contrario, las yerbas sin las palabras
no tenían ningún efecto.
Con el propósito de
explicar el sentido de la expresión “palabras mágicas” y así, de esta
forma, aclarar la naturaleza del método que promueve; Sócrates alude a un
principio conocido por los mejores médicos helenos de que “La parte se cura con el todo”.
Quizás has oído hablar de médicos hábiles. Si
se les consulta sobre males de ojos, dicen que no pueden emprender sólo la cura
de ojos, y que para curarlos tienen que extender su tratamiento a la cabeza
entera; en igual forma imaginar que se puede curar la cabeza sola, despreciando
el resto del cuerpo, es una necedad. Razonando de esta manera, tratan el cuerpo
entero y se esfuerzan en cuidar y sanar la parte con el todo.
Sócrates afirma que
el procedimiento terapéutico que aprendió es una ampliación del principio
expuesto más arriba, aunque con la diferencia de que se introduce al alma como
el “Todo” esencial de la que el cuerpo viene a ser la parte. Así, el principio
de que la salud o curación de una parte del cuerpo depende de la salud o
curación del cuerpo entero como un todo, se despliega y transforma en que: La
salud o curación del cuerpo entero depende de la salud o curación del alma.
Esta salud del alma –y
he aquí donde se descifra el sentido del término “palabras mágicas”- se obtiene
a través de los “bellos discursos” que son los que nos colocan en contacto
con la sabiduría.
Este procedimiento terapéutico
le fue expuesto a Sócrates por un médico tracio –discípulo del rey Zamolxis- en
los siguientes términos:
Zamolxis, nuestro rey, y por añadidura un
dios, pretende que si no debe emprenderse la cura de los ojos sin la cabeza, ni
la cabeza sin el cuerpo, tampoco debe tratarse el cuerpo sin el alma; y que si
muchas enfermedades se resisten a los esfuerzos de los médicos helenos, procede
de que desconocen el todo, del que por el contrario debe tenerse el mayor
cuidado; porque yendo mal el todo, es imposible que la parte vaya bien.” Del alma,
decía este médico, parten todos los males y todos los bienes del cuerpo y del
hombre en general, e influye sobre todo lo demás, como la cabeza sobre los
ojos, el alma es la que debe ocupar nuestros primeros cuidados, y los más
asiduos, si queremos que la cabeza y el cuerpo entero estén en buen estado.
“Querido mío, añadía, se trata al alma valiéndose
de ciertas palabras mágicas. Estas palabras mágicas son los bellos discursos. Gracias
a estos bellos discursos, la sabiduría toma raíz en las almas, y, una vez
arraigada y viva, nada más fácil que procurar la salud a la cabeza y a todo el
cuerpo.”
Sentada la conclusión
de este método terapéutico: Hoy día, (…) es un
error de la mayor parte de los hombres, el creer que se puede ser médico de una
parte –el cuerpo- sin serlo de la otra –el alma-. (2)
Sócrates le pregunta
pues a Cármides si está dispuesto a confiarle a examen esa “otra” parte para
que tenga éxito el tratamiento.
Si quieres entregarme
desde luego el alma para que yo la hechice con las palabras mágicas (…) curare
tu cabeza con el remedio.
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(1)Una pregunta
semejante se encuentra al comienzo del Lysis cuando se le invita a Sócrates a
entrar en la palestra éste repone; “quisiera saber lo que allí tengo que hacer y cuál es el
joven más hermoso de los que allí se encuentran.”, lo que emparenta
a estos dos diálogos como ejemplos tempranos de la exposición de la “espiritualización
del Eros” como ideal del filosofo, es decir, como la experimentación de
la complementación de la belleza física por la belleza espiritual como un nivel
superior de satisfacción.
(2)Este mismo principio –con igual énfasis en el poder
de la palabra como recurso terapéutico- es retomado muchos siglos después por
Sigmund Freud en su denuncia de lo que él llamaba la proscripción del alma por
el enfoque clínico-anatómico de la medicina de su época. Véase la exposición
que hace en su artículo de 1890 “Tratamiento psíquico, tratamiento del alma.” http://freudreloaded.blogspot.com/search/label/Tratamiento%20psiquico%20%281890%29

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