martes, 5 de junio de 2012

CÁRMIDES


          I. Marco del diálogo.

Sócrates recién ha regresado a la ciudad después de una larga ausencia por cumplir con sus deberes obligatorios para con el ejercito. Al visitar la palestra se encuentra con Querefón quien le conduce junto a Critias para que les refiera a los dos los pormenores de la batalla de Potidea en la que había en la había tomado parte.

Concluido el relato y ardoroso en entregarse al placer de las conversaciones que frecuentaba antes de partir, Sócrates les pregunta a su vez sobre el estado de la filosofía y sobre cuál era el joven que más destacaba entre todos por su belleza y su sabiduría.
Les pregunté a mi vez qué era de la filosofía, y si entre los jóvenes se habían distinguido algunos por su saber o su belleza, o por ambas cosas.  (1)

Critias como respuesta, le señala a un joven de nombre Cármides –pariente y discípulo suyo- quien entraba en aquel preciso momento en el  recinto y cuya sola presencia por su gran belleza turbaba a todos los presentes, lo mismo jóvenes que viejos.
Indudablemente me pareció admirable por sus proporciones y su figura, y advertí que todos los demás jóvenes estaban enamorados de él, como lo mostraba la turbación y emoción que noté en ellos cuando Cármides entró. 

Sócrates puntualiza que a pesar del innegable poder de seducción que emana de la belleza física de Cármides, éste sólo sería del todo irresistible si poseyese a su vez un alma igualmente bella.
Que la naturaleza, (…) le haya tratado con la misma generosidad respecto del alma… 

Por lo que propone examinar primero el alma del joven Cármides antes de dejarse llevar por cualquier entusiasmo.
¿Y por qué, (…) no pondremos primero en evidencia su alma, y no la contemplaremos antes que su cuerpo? 
No les resulte demasiado tarde y se cumpla el dicho atribuido a Cidias: “No vayas, inocente gamo, a presentarte al león, si no quieres que te despedace.” 




El arte de la cura a través de la palabra.
Critias convoca al joven Cármides a que se les una con el pretexto de que Sócrates puede curarle de los persistentes dolores de cabeza de que se ha venido quejando en los últimos días.

Sócrates por su parte, acepta el reto ante el joven y afirma que procederá usando un antiguo método “mágico” que le fue confiado cuando prestó servicio en el ejército.
Le respondí que mi remedio consistía en cierta yerba, pero que era preciso añadir ciertas palabras mágicas; que pronunciando las palabras y tomando el remedio al mismo tiempo, se recobraba enteramente la salud; pero que, por el contrario, las yerbas sin las palabras no tenían ningún efecto. 

Con el propósito de explicar el sentido de la expresión “palabras mágicas” y así, de esta forma, aclarar la naturaleza del método que promueve; Sócrates alude a un principio conocido por los mejores médicos helenos de que “La parte se cura con el todo”.
Quizás has oído hablar de médicos hábiles. Si se les consulta sobre males de ojos, dicen que no pueden emprender sólo la cura de ojos, y que para curarlos tienen que extender su tratamiento a la cabeza entera; en igual forma imaginar que se puede curar la cabeza sola, despreciando el resto del cuerpo, es una necedad. Razonando de esta manera, tratan el cuerpo entero y se esfuerzan en cuidar y sanar la parte con el todo. 

Sócrates afirma que el procedimiento terapéutico que aprendió es una ampliación del principio expuesto más arriba, aunque con la diferencia de que se introduce al alma como el “Todo” esencial de la que el cuerpo viene a ser la parte. Así, el principio de que la salud o curación de una parte del cuerpo depende de la salud o curación del cuerpo entero como un todo, se despliega y transforma en que: La salud o curación del cuerpo entero depende de la salud o curación del alma.

Esta salud del alma –y he aquí donde se descifra el sentido del término “palabras mágicas”- se obtiene a través de los “bellos discursos” que son los que nos colocan en contacto con la sabiduría.

Este procedimiento terapéutico le fue expuesto a Sócrates por un médico tracio –discípulo del rey Zamolxis- en los siguientes términos:
Zamolxis, nuestro rey, y por añadidura un dios, pretende que si no debe emprenderse la cura de los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin el cuerpo, tampoco debe tratarse el cuerpo sin el alma; y que si muchas enfermedades se resisten a los esfuerzos de los médicos helenos, procede de que desconocen el todo, del que por el contrario debe tenerse el mayor cuidado; porque yendo mal el todo, es imposible que la parte vaya bien.” Del alma, decía este médico, parten todos los males y todos los bienes del cuerpo y del hombre en general, e influye sobre todo lo demás, como la cabeza sobre los ojos, el alma es la que debe ocupar nuestros primeros cuidados, y los más asiduos, si queremos que la cabeza y el cuerpo entero estén en buen estado.
“Querido mío, añadía, se trata al alma valiéndose de ciertas palabras mágicas. Estas palabras mágicas son los bellos discursos. Gracias a estos bellos discursos, la sabiduría toma raíz en las almas, y, una vez arraigada y viva, nada más fácil que procurar la salud a la cabeza y a todo el cuerpo.” 

Sentada la conclusión de este  método terapéutico: Hoy día, (…) es un error de la mayor parte de los hombres, el creer que se puede ser médico de una parte –el cuerpo- sin serlo de la otra –el alma-. (2)

Sócrates le pregunta pues a Cármides si está dispuesto a confiarle a examen esa “otra” parte para que tenga éxito el tratamiento.
Si quieres entregarme desde luego el alma para que yo la hechice con las palabras mágicas (…) curare tu cabeza con el remedio. 


---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- 

(1)Una pregunta semejante se encuentra al comienzo del Lysis cuando se le invita a Sócrates a entrar en la palestra éste repone; “quisiera saber lo que allí tengo que hacer y cuál es el joven más hermoso de los que allí se encuentran.”, lo que emparenta a estos dos diálogos como ejemplos tempranos de la exposición de la “espiritualización del Eros” como ideal del filosofo, es decir, como la experimentación de la complementación de la belleza física por la belleza espiritual como un nivel superior de satisfacción.

(2)Este mismo principio –con igual énfasis en el poder de la palabra como recurso terapéutico- es retomado muchos siglos después por Sigmund Freud en su denuncia de lo que él llamaba la proscripción del alma por el enfoque clínico-anatómico de la medicina de su época. Véase la exposición que hace en su artículo de 1890 “Tratamiento psíquico, tratamiento del alma.” http://freudreloaded.blogspot.com/search/label/Tratamiento%20psiquico%20%281890%29


No hay comentarios:

Publicar un comentario