MARCO DEL DIÁLOGO.
Hipias, Ufano por
considerarse uno de los hombres mejor pagados por la enseñanza de su sabiduría
– aun llegando a afirmar que este detalle por sí sólo es una prueba de que él
es más sabio que los antiguos filósofos- , manifiesta satisfacción por que
acaba de ser grandemente admirado por un discurso suyo sobre “las bellas ocupaciones que convienen a los
jóvenes”.
Sócrates aprovecha
este comentario para interrogarle por la naturaleza de lo bello, pues considera
que sólo se puede enseñar y aconsejar sobre lo que se conoce.
La pregunta es
estructurada de la siguiente forma:
¿Los que son justos no lo son mediante la
justicia? (…)
¿La justicia es alguna cosa en sí misma? (…)
En igual forma, ¿Los sabios no son sabios
mediante la sabiduría, y lo que es bueno no lo es mediante el bien? (…)
La sabiduría y el bien, ¿Son cosas reales?
(…)
Todo lo que es bello, ¿No lo es igualmente
mediante lo bello? (…)
Lo bello, por consiguiente, ¿Es alguna cosa
en sí? (…)
¿Qué es lo bello? (Pág. 233)
Luego, se hace claridad de que se está preguntando no por lo que es
bello o por las cosas bellas, sino qué es lo bello en sí.
PRIMERA DEFINICIÓN: lo bello como una cosa bella (una joven
hermosa).
En una palabra, Sócrates, puesto que es
preciso decirte la verdad, lo bello es una joven hermosa. (Pág. 234)
Hipias ha pasado por
alto la reciente advertencia de Sócrates sobre lo que es una definición
adecuada. Ha brindado como definición de lo bello; un ejemplo de belleza (una
joven hermosa) y no lo que se le sugirió desde el comienzo; lo que es bello en
sí y por lo que todas las cosas que participan de él son bellas. En una
palabra; lo que hace que todas las cosas bellas (incluida una joven hermosa)
sean bellas.
En un nuevo intento
por fijar la distinción entre las cosas particulares y lo que es “en sí”,
además de intentar explicar porque la definición adecuada se fundamenta en esto
último y no en las primeras; Sócrates, enumera distintas cosas bellas a Hipias
–unas hermosa yegua, una hermosa jaca, una hermosa lira, una hermosa marmita- y
le pregunta si efectivamente estas cosas son o no son bellas.
Hipias como es de
esperar contesta que si lo son, pero añade que no lo serían en el mismo grado
que una joven hermosa.
Un vaso bien trabajado es bello a la verdad,
pero si le comparas con una jaca, con una joven hermosa o con otras cosas
bellas, no merece ser llamado bello. (Pág. 235)
De esta forma Hipias
reconoce entre las cosas particulares cierta jerarquía –en este caso de lo
bello- pero por esto mismo ha sembrado la consecuencia que anula su propia
definición: la jerarquización demuestra que las cosas particulares sólo poseen
las cualidades de una manera relativa o accidental, por lo que no se puede
fundar adecuadamente una definición en ellas ya que una misma cosa es una veces
más bella y menos bella en relación a otras.
¿Si se compararan las jóvenes con las
diosas, no se dirá de ellas lo que se decía de la marmita comparada con una
mujer hermosa? ¿La más bella de todas las jóvenes no sería fea respecto de una
diosa? (Pág. 235)
La indagación
filosófica se pregunta por lo que siempre “Es”,
independientemente de las circunstancias y no, por lo que unas veces “es” y
“no es”. Se pregunta por lo que es lo bello y no, que tan pronto es bello, tan
pronto feo.
¿Te parece aún que lo bello en sí mismo, que
adorna y hace bellas todas las demás cosas desde el momento que en ellas se muestra, haya de ser una
doncella, una yegua, una lira? (Pág. 235)
SEGUNDA DEFINICIÓN: Lo bello como algo que se aplica, que adorna (el oro).
Lo bello que busca no es otra cosa que el
oro (…), porque no hay duda que el oro, aplicado a una cosa, de fea que era
antes la hace bella. (Pág. 235)
Desde el comienzo de
la estructuración de la pregunta por lo “en sí”, se estableció que sus dos
mayores características eran que no variaba, es decir, que su naturaleza es
independiente de las circunstancias, y que se transmitía en las cosas
particulares, definiéndolas –lo bello “en sí” es lo que transmite la belleza a
todas las cosas bellas-.
Hipias erróneamente
trata de asir esta característica de “transmisión” de lo “en sí”; con el oro,
afirmando que su sola aplicación bastaría para que las cosas resultasen ser
bellas.
Esta cualidad del oro
de embellecer para nada es una cualidad universal y resulta tan parcial como
todas las demás cosas del mundo, e igual que ellas estando sujetas a las
circunstancias.
Sócrates refiere como
ejemplo el hecho de que el gran escultor Fidias no realizase su escultura de
Minerva toda en oro y más bien opto por la proporción de diversos materiales
para lograr un mayor efecto de belleza en su obra.
Así mismo, si se
establece como premisa que lo que cuadra bien o es más conveniente a
una cosa, es por esto más bello. Se puede observar como para revolver
una marmita resulta más adecuada una cuchara de higuera que una de oro.
¿De las dos cucharas, la de higuera y la de
oro, cuál conviene más a la marmita? Creo que la de higuera, porque da buen
olor a las verduras, y con ella no puede romperse la vasija, lo que sería una
desgracia, porque toda la sustancia se derramaría, el fuego se apagaría y los
convidados quedarían a buenas noches. La cuchara de oro causaría todos esos
desastres, y por esta razón me parece, que en tal caso debe preferirse la
cuchara de higuera a la de oro… (Pág. 236)
TERCERA DEFINICIÓN: lo bello como muchas cosas bellas.
Digo, pues, que en todo lugar, en todo
tiempo, y por todo el mundo es siempre una cosa muy bella el buen
comportamiento, ser rico, verse honrado por los griegos, alargar mucho la vida,
y en fin, recibir de tu posteridad los últimos honores con la misma piedad y la
misma magnificencia con que han sido dispensados a sus padres y sus mayores.
(Págs. 236, 237)
Esta tercera
definición reincide en el mismo error señalado en la primera definición; que es
el definir con un ejemplo, con una cosa determinada, aunque ahora se pase a
definir recurriendo a muchos ejemplos o cosas particulares.
Sócrates insiste en
que la pregunta es por “lo que siempre es”.
¿Qué es lo bello para todo el mundo y para
siempre? (…)
Lo bello, es decir, lo verdaderamente bello,
lo es de todos los tiempos, lo es siempre. (Pág. 237)
No se puede pues,
responder con ejemplos –por muchos que sean- a causa de que las cosas
particulares unas veces son y otras no son dentro del flujo del tiempo.
CUARTA DEFINICIÓN: lo
bello como lo que conviene. (Sócrates)
Cuando dijimos que el oro es bello si cuadra
bien a los objetos, y feo si no les cuadra, y, por consiguiente, si todas las
cosas en las que se encuentra esta conveniencia, son de hecho bellas. Mira,
Sócrates, y considera esta armonía y conveniencia en sí misma y juzga si su
naturaleza no será la de lo bello. (Pág. 238)
“Lo que conviene como
lo bello” es una definición propuesta por el mismo Sócrates para ser analizada en
este punto y la cual se veía ya implícita en el análisis de la segunda
definición.
El éxito de esta definición –nos
dice él- depende si “lo conveniente” hace a las cosas realmente bellas o sólo en
apariencia –que parezcan bellas-.
Esta distinción entre verdad y apariencia se hace necesaria ya que
muchas veces lo verdadero puede ignorarse –aunque su naturaleza se mantenga
invariable en las sombras de esa ignorancia-, mientras que lo aparente o
ilusorio es por naturaleza percibido –aunque no sea real-.
Como Hipias sostiene que “lo conveniente” hace que las cosas parezcan
bellas, no puede ser lo bello y abandonan esta definición.

No hay comentarios:
Publicar un comentario