
A pesar de que la reflexión emprendida juntos los ha conducido a definir la naturaleza del conocimiento de Ion como un conocimiento por inspiración y no por arte. Ion se resiste aun a aceptarla, pues afirma que se siente a sí mismo más como un poseedor de conocimiento que como un poseso.
Sería para mí una sorpresa si tus razones fuesen bastante poderosas para persuadirme de que cuando hago el elogio de Homero estoy poseído y fuera de mí mismo.
Esto que hace que Sócrates se decida a abordar la cuestión desde otro ángulo.
Puesto que los conocimientos de un arte lo son sobre un objeto en particular, propone a Ion que indaguen; ¿Cuál es el objeto propio de los conocimientos de un rapsoda?
Dios ha atribuido a cada arte la facultad de juzgar sobre las materias que a cada una correspondan, porque no juzgamos mediante la medicina las mismas cosas que conocemos por pilotaje. (…)
Ni por el arte de la carpintería lo que conocemos por la medicina.
Dicho de otra forma, de todos los objetos tratados por Homero –que es de quien Ion afirma poseer un conocimiento perfecto- ; ¿Cuál de ellos es el objeto que puede juzgar el rapsoda mejor que cualquier otro hombre? Ya que como se estableció anteriormente; el juicio justo (o mejor juicio) depende de un conocimiento correcto.
El que no posee un arte, no está en estado de juzgar bien lo que se dice o hace en virtud de este arte.
Realizado el análisis, pronto descubren que cada objeto tratado por Homero pertenece a un arte particular y que es mejor juzgado por el poseedor de ese arte que por el rapsoda. Cuando en Homero se tratan asuntos de medicina, adivinación, coches, pesca, etc., son los médicos, los adivinos, los cocheros y los pescadores quienes están en mejores condiciones para juzgar estos objetos que el rapsoda.
Ion, en un intento por salvar su posición, afirma que el objeto del rapsoda no son las acciones en sí, sino los discursos- “lo que se pone en boca del hombre y de la mujer”-.
Esta distinción no es válida a los ojos de Sócrates ya que para él es una misma persona y no dos distintas quien al poseer un arte, mejor puede juzgar tanto el hacer como el decir dentro de ese arte.
¿Quieres decir que el rapsoda sabrá mejor que el piloto de qué manera debe hablar el que manda una nave batida por la tempestad?
En el colmo del desconcierto, Ion se aferra esta vez a tomar a los discursos militares como el objeto propio de los rapsodas.
Sócrates no insiste en el hecho de que se trate de una variación pobre del mismo argumento que acaban de invalidar hace un instante y más bien opta por plantearle la siguiente dicotomía:
Tomar como cierto que los juicios del rapsoda (y especialmente Ion como el más grande de los rapsodas) son mejores que los del poseedor del arte mismo que dice que es su objeto (es decir del más grande de los generales militares), caso en el cual estaría cometiendo una injusticia a su ciudad al negarle la gloria de dirigirla en ese arte.
O tomar como cierto que el conocimiento del rapsoda no procede del arte, sino de la inspiración.
Mira si quieres pasar a mis ojos por un hombre injusto o por un hombre divino.
Acorralado por la lógica de los argumentos, Ion se decide por la segunda opción.
Respuesta que es ensalzada por Sócrates con su ironía característica;
En este caso, Ion, te conferimos precioso titulo de celebrar a Homero por inspiración divina y no en virtud del arte.
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