jueves, 14 de marzo de 2013
jueves, 4 de octubre de 2012
LAQUES
I. Marco del diálogo.
Lisimaco y Melesias
invitan a Nicias y Laques a presenciar una demostración de esgrima pues desean
contar con su consejo para dilucidar si este arte conviene o no a la educación
de sus hijos.
Formulado de una
manera general; ¿qué educación se les debe brindar a los jóvenes para hacerlos
hombres virtuosos?
Andamos indagando lo que deben aprender y la
educación que debemos darles para que se hagan hombres de bien, tanto cuanto
sea posible. (Págs. 43-44)
Sócrates –a quien por
sugerencia de Nicias le ha sido referida la cuestión-, recomienda la
reformulación del problema, indagando primero; ¿qué es la virtud?, antes
de entrar a examinar los medios que haría virtuosos a los jóvenes, pues afirma;
que sólo quien conoce lo que se quiere
alcanzar, está en condiciones de aconsejar e indicar la mejor manera de
lograrlo.
Es preciso, ante todo, que sepamos lo que es
la virtud; porque si lo ignoramos, ¿seremos capaces de dar consejos sobre los
medios de adquirirla? (Pág. 51)
Y es que, la prueba de que algo se conoce esta en su
capacidad para definirlo.
II. Cuestión.
Una nueva
puntualización del problema es hecha por Sócrates con el objetivo de delimitar
aun más la indagación; no definir la virtud en general, si no la parte de la
virtud que se suele ligar con la práctica de la esgrima; el valor.
Di, pues, ¿qué es el valor? (Pág. 51)
PRIMERA DEFINICIÓN: El valor como distintos ejemplos de valor. (Laques)
El hombre que guarda su puesto en una
batalla, que no huye, que rechaza al enemigo; he aquí un hombre valiente. (Pág.
51)
Sócrates subraya que
no pregunta que es el valor en casos específicos, si no, que es el valor en
todas las circunstancias posibles, pues una definición adecuada se fundamenta en lo
que siempre es lo mismo.
Quería saber de ti lo que es un hombre
valiente, no sólo en la infantería, sino también en la caballería y demás
especies de armas; y no sólo un hombre valiente en todo lo relativo a la
guerra, sino también en los peligros de la mar, en las enfermedades, en la
pobreza y en el manejo de los negocios públicos; y lo mismo un hombre valiente
en medio de los disgustos, las tristezas, los temores, los deseos y los
placeres; un hombre valiente que sepa combatir sus pasiones, sea resistiéndolas
a pie firme, sea huyendo de ellas, porque el valor, Laques, se extiende a todas
estas cosas. (…)
Trata de decirme lo que es esta cualidad,
que siempre es la misma en todas estas ocasiones tan diferentes. (…)
Defíneme de igual modo el valor; dime cuál
es esta facultad, que es siempre la misma en el placer, en la tristeza y en
todas las demás cosas de que hemos hablado y que no muda jamás, ni de
naturaleza ni de nombre. (Pág. 52)
SEGUNDA DEFINICIÓN: El valor como constancia. (Laques)
Me parece que es una disposición del alma a
manifestar constancia en todo, puesto que es preciso dar una definición que
comprenda todas las diferentes especies de valor. (Pág. 52)
Sócrates le
reconviene esta vez, indicándole que el valor no puede ser toda constancia del alma, pues siendo el valor una virtud, es por
lo tanto algo bueno y bello, y existen muchas formas de constancia que resultan
malas y vergonzosas como por ejemplo; la audacia insensata o el sostenerse por
imprudencia.
TERCERA DEFINICIÓN: El valor como ciencia. (Nicias)
Digo, que es la ciencia de las cosas que son
de temer y de las que no son de temer, sea en la guerra, sea en todas las demás
ocasiones de la vida. (Pág. 54)
Sócrates le recuerda a Nicias el que al comienzo de la indagación han
partido de la premisa de que el valor es una parte de la virtud y no toda la
virtud; compuesta también por otras partes como la templanza, la justicia, etc.
Luego señala como el temor se identifica siempre con sucesos futuros y
no con sucesos que ya pasaron o estrictamente presentes.
Creemos que las cosas temibles son las que
inspiran miedo y no temibles las que no lo inspiran. El miedo no lo causan, ni
las cosas sucedidas ya, ni las que en el acto suceden, sino las que se esperan;
porque el miedo no es más que la idea de un mal inminente. (Pág. 57)
Ahora bien, la
ciencia –dirá Sócrates- es siempre una y universal, por lo que se extiende
tanto al pasado, como al presente y al futuro de su objeto.
La ciencia tiene un carácter universal y
absoluto; no es una para las cosas pasadas y otra para las cosas del porvenir;
porque la ciencia siempre es la misma. Por ejemplo, en lo que mira a la salud,
siempre es la misma ciencia de la medicina la que juzga de ella y la que ve lo
que ha sido, lo que es y lo que será sano o enfermo. La agricultura, asimismo, juzga
de lo que ha venido, de lo que viene y de lo que vendrá sobre la tierra. (Pág.
57)
Así, si la ciencia es
lo que abarca el pasado, el presente y el futuro; resulta contradictorio hablar
de una ciencia de lo temible y de lo no temible –tal y como define Nicias al
valor-, ya que como se dijo; lo temible se restringe sólo al futuro.
Si el valor es una
ciencia, lo sería como ciencia de todos los bienes y de todos los males en
general, de esta forma su juicio no se restringiría a ningún tiempo.
Sin embargo, una
ciencia tal, ya no sería sólo una parte de la virtud (premisa convenida al
inicio), si no un todo que eliminaría la necesidad de las demás virtudes.
¿Piensas que un hombre valiente esté privado
de una parte de la virtud, poseyendo la ciencia de todos los bienes y de todos
los males pasados, presentes y futuros? ¿Crees que semejante hombre tendrá
necesidad de la templanza, de la justicia y de la santidad, cuando puede
precaverse prudentemente contra todos los males que le puedan venir de parte de
los hombres y de los dioses y proporcionarse todos los bienes a que pueda
aspirar, puesto que sabe cómo debe conducirse en cada lance que ocurra? (Pág.
58)
De esta manera el
diálogo termina en un estado aporético.
martes, 10 de julio de 2012
HIPIAS MAYOR ( II )
QUINTA DEFINICIÓN: lo bello como lo útil o la capacidad de
hacer. (Sócrates)
Digamos, pues, que lo bello es propiamente
lo que nos es útil, y lo que me hace creer que esto es verdad es que llaman
ojos bellos no a aquellos que no ven nada, sino a los que son útiles para la
vista. (…)
En el mismo concepto decimos que el cuerpo
es bello porque es útil para la carrera y la lucha, y los mismo sucede con los
animales, un caballo, un gallo, una codorniz; vasos, carruajes, naves,
instrumentos de música y de otras artes, las mismas leyes, las ciencias, todo
esto lo llamamos bello, teniendo en cuenta la utilidad que de ello recibimos, y
considerando en cada uno de estos objetos lo que les hace útiles, sea
naturalmente, sea por efecto del arte, sea por la relación en qué y para qué
puedan ser útiles. Por el contrario, todo lo que es inútil lo encontramos feo…
(Págs. 239. 240)
Sócrates es quien de
nuevo propone una esta definición de lo bello en un intento de que el diálogo
avance; “lo bello como lo útil”.
Lo útil es concebido
aquí como toda capacidad de hacer, es decir, como poder –el ver para los ojos-.
El poder por lo tanto es una cosa bella y la
impotencia es una cosa fea. (Pág. 240)
Ahora bien, puesto
que el poder tomado en general, necesariamente se extiende también a la
capacidad de hacer el mal; “lo bello como lo útil” significaría algunas veces
que lo bello es la capacidad de realizar el mal, lo cual tanto Hipias como
Sócrates se niegan a aceptar.
REDEFINICIÓN: lo
bellos como lo útil o la causa del bien. (Sócrates)
El poder y lo útil con un fin bueno son lo
mismo que lo bello. (Pág. 240)
En un intento por
evitar la conclusión anterior –lo bello como la capacidad de hacer el mal-,
Sócrates limita la “capacidad de hacer” de lo útil; solo al bien. “lo bello
como lo útil” seria pues, lo bello como la producción del bien, el poder para
el bien, la causa del bien.
Sin embargo,
inmediatamente surge una consecuencia en el razonamiento que le resulta
incomodo a Sócrates aceptar y es la siguiente:
Si lo bello es la
causa del bien; lo bello es la causa eficiente y el bien el efecto. Luego, si
causa y efecto no son una misma cosa sino dos distintas; lo bello no sería lo
bueno y lo bueno no sería lo bello.
La causa no es la misma cosa que aquello de
que es causa, porque jamás una causa puede ser causa de sí misma. (…)
Por consiguiente la causa eficiente y el
efecto son dos cosas distintas. (…)
Lo bello es como el padre de lo bueno. (…)
El padre no es el hijo, ni el hijo el padre.
(…)
La causa no es el efecto, ni el efecto la
causa. (…)
Lo bello no es lo bueno, ni lo bueno lo
bello… (…)
¿Pero sostendremos que lo bello no es bueno,
y que lo bueno no es bello? (Pág. 241)
La negación de la
identidad entre lo bello y lo bueno es lo que hace que esta definición se
abandone.
SEXTA DEFINICIÓN: lo
bello como lo que produce placer a la vista y al oído. (Sócrates)
¿Será lo bello lo que produce placer? Por
esta palabra no entiendo toda clase de placeres, sino tan sólo los que
proporcionan la vista y el oído. ¿Cómo puede negarse esto? ¿No es muy cierto
que la belleza del hombre, de la pintura, de los ornamentos, regocija la vista?
Por otra parte, los cantos bellos, las bellas voces, en fin, toda la música,
las conversaciones y los discursos, ¿no nos causan igualmente placer? De suerte
que si a nuestro terco preguntón le decimos que lo bello es el placer, que
percibimos por el oído y por la vista, nos veremos libres de sus
importunidades. (Págs. 241, 242)
Esta definición que
también es sugerida por el mismo Sócrates, resulta fácilmente puesta en
cuestión con la sola enumeración de las cosas cuya belleza no percibimos necesariamente
como placer de la vista o del oído.
Pero las bellas leyes, las bellas
instituciones, ¿son bellas porque agradan a los ojos y a los oídos, o por
alguna otra belleza? (Pág. 242)
A pesar de esto,
Sócrates propone –a manera de ejercicio- que continúen con la suposición de que
el placer que se recibe por la vista y el oído es lo bello que tanto buscan y
se pregunta; ¿Cómo sería posible esto? ¿El placer identificado con lo bello
estaría en las dos vías de estos sentidos juntas y por separado? ¿En las dos
vías juntas, pero no en cada una de ellas por separado? ¿En cada una de ellas
por separado, pero no en las dos vías juntas?
Mientras Hipias es de
la idea de que no es posible que exista algo que estando en dos cosas por
separado no se encuentre en esas dos mismas cosas juntas y viceversa.
Si nosotros dos fuésemos justos, ¿no lo
seríamos el uno y el otro en particular?, y si el uno y el otro en particular
fuésemos injustos, ¿no lo seríamos los dos juntos? Lo mismo sucede con la
salud. Si cada uno de nosotros estuviese enfermo, herido o estropeado, ¿no lo
estaríamos ambos juntos? En igual forma, si ambos juntos fuésemos de oro, de
plata o de marfil; si ambos juntos fuésemos sabios, nobles, jóvenes o viejos,
dotados, en fin, de una cualidad propia del hombre, ¿no lo seríamos igualmente
el uno y el otro en particular? (Pág. 244)
Sócrates le ofrece un
ejemplo –aunque tomado de las matemáticas y no del mundo de los fenómenos- en
el que algo que son dos cosas por separado no lo son juntas y algo que son juntas
no lo son por separado.
Cada uno de nosotros es uno, y que los dos
juntos no somos lo que es cada uno, es decir, que los dos juntos somos dos y no
uno. (Pág. 244)
La incapacidad de
decidirse a cuál de las dos alternativas pertenecería el proceso que haría del
placer de la vista y del oído lo bello, les convence de abandonar el ejercicio
con esta definición.
SEPTIMA DEFINICIÓN: lo bello como la usufructo de la elocuencia.
¿Quieres saber en qué consiste la verdadera
belleza, la que es digna de este nombre? Pues consiste en hablar con elocuencia
en el senado, delante de un tribunal o de un magistrado cualquiera, hasta
producir la convicción y conseguir una recompensa, que no es pequeña, y sí la
mayor de todas, cual es el placer de salvar su vida, su fortuna y la de sus
amigos. A esto es a lo que debes aplicarte seriamente, y no a bagatelas y
niñerías, pobre y necia ocupación, que te hará pasar por insensato. (Pág. 246)
Más que una
definición, es ésta una enumeración encolerizada por parte de Hipias –al ver
desnudada su ignorancia- de las que cree son las ventajas de su vida sobre la
de Sócrates.
Sócrates por su
parte, ante la perspectiva de una vida así –que cree saber lo que no sabe,
usufructuándose del engaño y el error- se pregunta a sí mismo si no
es preferible la muerte antes que una vida semejante.
HIPIAS MAYOR.
MARCO DEL DIÁLOGO.
Hipias, Ufano por
considerarse uno de los hombres mejor pagados por la enseñanza de su sabiduría
– aun llegando a afirmar que este detalle por sí sólo es una prueba de que él
es más sabio que los antiguos filósofos- , manifiesta satisfacción por que
acaba de ser grandemente admirado por un discurso suyo sobre “las bellas ocupaciones que convienen a los
jóvenes”.
Sócrates aprovecha
este comentario para interrogarle por la naturaleza de lo bello, pues considera
que sólo se puede enseñar y aconsejar sobre lo que se conoce.
La pregunta es
estructurada de la siguiente forma:
¿Los que son justos no lo son mediante la
justicia? (…)
¿La justicia es alguna cosa en sí misma? (…)
En igual forma, ¿Los sabios no son sabios
mediante la sabiduría, y lo que es bueno no lo es mediante el bien? (…)
La sabiduría y el bien, ¿Son cosas reales?
(…)
Todo lo que es bello, ¿No lo es igualmente
mediante lo bello? (…)
Lo bello, por consiguiente, ¿Es alguna cosa
en sí? (…)
¿Qué es lo bello? (Pág. 233)
Luego, se hace claridad de que se está preguntando no por lo que es
bello o por las cosas bellas, sino qué es lo bello en sí.
PRIMERA DEFINICIÓN: lo bello como una cosa bella (una joven
hermosa).
En una palabra, Sócrates, puesto que es
preciso decirte la verdad, lo bello es una joven hermosa. (Pág. 234)
Hipias ha pasado por
alto la reciente advertencia de Sócrates sobre lo que es una definición
adecuada. Ha brindado como definición de lo bello; un ejemplo de belleza (una
joven hermosa) y no lo que se le sugirió desde el comienzo; lo que es bello en
sí y por lo que todas las cosas que participan de él son bellas. En una
palabra; lo que hace que todas las cosas bellas (incluida una joven hermosa)
sean bellas.
En un nuevo intento
por fijar la distinción entre las cosas particulares y lo que es “en sí”,
además de intentar explicar porque la definición adecuada se fundamenta en esto
último y no en las primeras; Sócrates, enumera distintas cosas bellas a Hipias
–unas hermosa yegua, una hermosa jaca, una hermosa lira, una hermosa marmita- y
le pregunta si efectivamente estas cosas son o no son bellas.
Hipias como es de
esperar contesta que si lo son, pero añade que no lo serían en el mismo grado
que una joven hermosa.
Un vaso bien trabajado es bello a la verdad,
pero si le comparas con una jaca, con una joven hermosa o con otras cosas
bellas, no merece ser llamado bello. (Pág. 235)
De esta forma Hipias
reconoce entre las cosas particulares cierta jerarquía –en este caso de lo
bello- pero por esto mismo ha sembrado la consecuencia que anula su propia
definición: la jerarquización demuestra que las cosas particulares sólo poseen
las cualidades de una manera relativa o accidental, por lo que no se puede
fundar adecuadamente una definición en ellas ya que una misma cosa es una veces
más bella y menos bella en relación a otras.
¿Si se compararan las jóvenes con las
diosas, no se dirá de ellas lo que se decía de la marmita comparada con una
mujer hermosa? ¿La más bella de todas las jóvenes no sería fea respecto de una
diosa? (Pág. 235)
La indagación
filosófica se pregunta por lo que siempre “Es”,
independientemente de las circunstancias y no, por lo que unas veces “es” y
“no es”. Se pregunta por lo que es lo bello y no, que tan pronto es bello, tan
pronto feo.
¿Te parece aún que lo bello en sí mismo, que
adorna y hace bellas todas las demás cosas desde el momento que en ellas se muestra, haya de ser una
doncella, una yegua, una lira? (Pág. 235)
SEGUNDA DEFINICIÓN: Lo bello como algo que se aplica, que adorna (el oro).
Lo bello que busca no es otra cosa que el
oro (…), porque no hay duda que el oro, aplicado a una cosa, de fea que era
antes la hace bella. (Pág. 235)
Desde el comienzo de
la estructuración de la pregunta por lo “en sí”, se estableció que sus dos
mayores características eran que no variaba, es decir, que su naturaleza es
independiente de las circunstancias, y que se transmitía en las cosas
particulares, definiéndolas –lo bello “en sí” es lo que transmite la belleza a
todas las cosas bellas-.
Hipias erróneamente
trata de asir esta característica de “transmisión” de lo “en sí”; con el oro,
afirmando que su sola aplicación bastaría para que las cosas resultasen ser
bellas.
Esta cualidad del oro
de embellecer para nada es una cualidad universal y resulta tan parcial como
todas las demás cosas del mundo, e igual que ellas estando sujetas a las
circunstancias.
Sócrates refiere como
ejemplo el hecho de que el gran escultor Fidias no realizase su escultura de
Minerva toda en oro y más bien opto por la proporción de diversos materiales
para lograr un mayor efecto de belleza en su obra.
Así mismo, si se
establece como premisa que lo que cuadra bien o es más conveniente a
una cosa, es por esto más bello. Se puede observar como para revolver
una marmita resulta más adecuada una cuchara de higuera que una de oro.
¿De las dos cucharas, la de higuera y la de
oro, cuál conviene más a la marmita? Creo que la de higuera, porque da buen
olor a las verduras, y con ella no puede romperse la vasija, lo que sería una
desgracia, porque toda la sustancia se derramaría, el fuego se apagaría y los
convidados quedarían a buenas noches. La cuchara de oro causaría todos esos
desastres, y por esta razón me parece, que en tal caso debe preferirse la
cuchara de higuera a la de oro… (Pág. 236)
TERCERA DEFINICIÓN: lo bello como muchas cosas bellas.
Digo, pues, que en todo lugar, en todo
tiempo, y por todo el mundo es siempre una cosa muy bella el buen
comportamiento, ser rico, verse honrado por los griegos, alargar mucho la vida,
y en fin, recibir de tu posteridad los últimos honores con la misma piedad y la
misma magnificencia con que han sido dispensados a sus padres y sus mayores.
(Págs. 236, 237)
Esta tercera
definición reincide en el mismo error señalado en la primera definición; que es
el definir con un ejemplo, con una cosa determinada, aunque ahora se pase a
definir recurriendo a muchos ejemplos o cosas particulares.
Sócrates insiste en
que la pregunta es por “lo que siempre es”.
¿Qué es lo bello para todo el mundo y para
siempre? (…)
Lo bello, es decir, lo verdaderamente bello,
lo es de todos los tiempos, lo es siempre. (Pág. 237)
No se puede pues,
responder con ejemplos –por muchos que sean- a causa de que las cosas
particulares unas veces son y otras no son dentro del flujo del tiempo.
CUARTA DEFINICIÓN: lo
bello como lo que conviene. (Sócrates)
Cuando dijimos que el oro es bello si cuadra
bien a los objetos, y feo si no les cuadra, y, por consiguiente, si todas las
cosas en las que se encuentra esta conveniencia, son de hecho bellas. Mira,
Sócrates, y considera esta armonía y conveniencia en sí misma y juzga si su
naturaleza no será la de lo bello. (Pág. 238)
“Lo que conviene como
lo bello” es una definición propuesta por el mismo Sócrates para ser analizada en
este punto y la cual se veía ya implícita en el análisis de la segunda
definición.
El éxito de esta definición –nos
dice él- depende si “lo conveniente” hace a las cosas realmente bellas o sólo en
apariencia –que parezcan bellas-.
Esta distinción entre verdad y apariencia se hace necesaria ya que
muchas veces lo verdadero puede ignorarse –aunque su naturaleza se mantenga
invariable en las sombras de esa ignorancia-, mientras que lo aparente o
ilusorio es por naturaleza percibido –aunque no sea real-.
Como Hipias sostiene que “lo conveniente” hace que las cosas parezcan
bellas, no puede ser lo bello y abandonan esta definición.
miércoles, 13 de junio de 2012
HIPIAS MENOR ( II )
II. SEGUNDA CUESTIÓN.
¿Cómo es posible que los que cometan falta en algo
intencionalmente sean mejores que los que lo hacen involuntariamente? O en palabras de Hipias, en las que se vierte una
inquietud que nos resulta fácil compartir:
¿Cómo es posible, Sócrates, que los que
cometen injusticia voluntariamente, los que maquinan acechanzas y hacen mal
intencionadamente sean mejores que los que no tienen esa intención? Me parece
que merece excusa quien comete injusticia o miente o hace algún otro mal sin
darse cuenta.
Sócrates comienza a
interrogar a Hipias sobre si existe una forma considerada como buena o adecuada
de hacer las cosas y otra mala o inadecuada de hacerlas.
Seguidamente,
establece que el realizar una acción “bien” es una prueba de capacidad,
mientras que el realizarla “mal” lo sería de una incapacidad.
Sin embargo, como se
dijo al principio en relación a la veracidad y la mentira; quien es más capaz
de lo bueno, en virtud de esa misma capacidad sería el más capaz de lo malo.
Así, puesto que a estos hombres –los más capaces- les resultaría posible
realizar el mal voluntariamente por su capacidad, es legítimo plantear en los
diversos ámbitos de la vida humana la cuestión:
¿Es preferible hacer el mal por
capacidad, es decir, voluntariamente o realizar el mal a pesar de sí, por
incapacidad, involuntariamente?
En relación al cuerpo
y los ejercicios del cuerpo…
¿Luego en la carrera el que ejecuta cosas
mal hechas involuntariamente es peor que el que las ejecuta voluntariamente?
(…)
¿Luego también en la lucha el que ejecuta
actos malos y feos voluntariamente es mejor luchador que el que los ejecuta
involuntariamente? (…)
¿Y en todos los otros ejercicios del cuerpo?
¿No es cierto que el mejor respecto al cuerpo es capaz de realizar ambas clases
de cosas, las fuertes y las débiles, las feas y las bellas, de forma que,
cuando en lo que concierne al cuerpo se realizan cosas mal hechas, el mejor
respecto al cuerpo las realiza voluntariamente, y el peor involuntariamente?
(…)
Luego también la mala apariencia, cuando es
voluntaria, proviene de la perfección del cuerpo, y cuando es involuntaria,
proviene de la imperfección. (…)
¿Preferirías tener unos pies que cojearan
voluntariamente, o involuntariamente? (…)
¿Qué ojos querrías tú poseer y tener
contigo, aquellos con los que voluntariamente ves poco y con estrabismo, o los
ojos con los que esto sucede involuntariamente? (…)
Por tanto, una sola afirmación abarca todo
esto: no es deseable poseer, porque son malos, los oídos, las narices, la boca
y todos los órganos de los sentidos que trabajan mal involuntariamente; en
cambio, es deseable poseer, porque son buenos, los que lo hacen
voluntariamente.
En relación a los
objetos o instrumentos del mundo…
¿Y el uso de qué instrumentos es mejor, el
de aquellos con los que se trabaja mal voluntariamente o el de aquellos con los
que se trabaja mal involuntariamente? Por ejemplo, ¿Es mejor un timón con el
que se pilota mal sin quererlo o uno con el que se hace mal queriéndolo?
Respecto a las
actividades del alma…
Respecto a todas las artes y conocimientos,
¿No es mejor la que voluntariamente hace las cosas mal y torpemente y comete
errores, y es peor la que hace esto involuntariamente?
Recapitulando;
resulta de todos estos ejemplos anteriores que realizar “mal” diferentes
acciones voluntariamente denota cierta capacidad en el hombre, mientras que,
realizarlas “mal” involuntariamente es señal de una incapacidad.
En la capacidad
existe pues una libertad; hacer bien o mal algo voluntariamente.
En la incapacidad,
hay en cambio, una necesidad; realizar el mal a pesar de sí por ignorancia.
Es esta libertad que
otorga la capacidad, lo que hace mejor al primer hombre (el hombre capaz) sobre
el segundo (el hombre incapaz).
Así, no sólo es
deseable la capacidad del mal, sino que esta proviene de cierta perfección del
alma, o dicho en otras palabras, es el reverso de la capacidad para el bien,
sello del alma buena.
Esto conlleva a la
aparente paradoja moral: es el alma buena la única que está en la
capacidad de realizar el mal voluntariamente.
Luego el que comete errores voluntariamente
y hace cosas malas e injustas, Hipias, si este hombre existe, no puede ser otro
que el hombre bueno.
Que este “hombre
capaz” llegue a realizar el mal o no, es algo que el presente diálogo deja en
suspenso, y es la existencia de esta sola posibilidad gravitando sobre nosotros la
que crea el efecto de inquietud que tenemos al leerlo.
Sin embargo, en el
desarrollo de su filosofía, Sócrates afirmara constantemente que “nadie
comete el mal voluntariamente” lo que supondría que estando en posesión
del conocimiento que otorga la capacidad nos inclinaríamos naturalmente al
bien.
HIPIAS MENOR
I. MARCO DEL DIÁLOGO.
Hipias acaba de
ofrecer un gran discurso sobre Homero. Éudico, contagiado de entusiasmo por su
exposición, invita a Sócrates a que se les una en las alabanzas o, si tiene algunas
reservas sobre lo dicho; las exprese interrogando al orador y así, de esta
forma, puedan todos seguir entregando su tiempo al deleite de la filosofía.
II. PRIMERA CUESTIÓN.
Sócrates acepta la
sugerencia de Éudico y le formula a Hipias la siguiente pregunta: ¿Quién
entre Aquiles y Odiseo piensa es el mejor y por qué?
Hipias estableciendo
una distinción entre Aquiles como un hombre veraz y Odiseo como un hombre
astuto; declara al primero superior al segundo.
Este “ser astuto” lo
considera Hipias como semejante a “ser mentiroso” y por lo tanto opuesto a
“ser veraz”
“El que oculta en la
mente una cosa y dice otra.”
Por su parte,
Sócrates no se muestra muy convencido con esta distinción y propone que
analicen juntos el significado de mentir.
El razonamiento que
desarrolla es el siguiente:
1. El mentir es un hacer algo, una capacidad.
¿Dices que los mentirosos son incapaces de
hacer algo, como los enfermos, o bien que son capaces?
2. La capacidad es un producto de la inteligencia o
conocimiento.
¿Los astutos son engañadores por simplicidad
e insensatez, o bien por malicia e inteligencia? (…)
¿Siendo inteligentes, no saben lo que hacen,
o sí lo saben? (…)
Si saben lo que saben, ¿son ignorantes o
conocedores? (…)
Recapitulemos lo que dices. ¿Afirmas que los
mentirosos son capaces, inteligentes, conocedores y hábiles para aquello para
lo que son mentirosos?
3. Quien posee la capacidad/conocimiento de hacer
algo, es quien mejor puede ser veraz o mentir (engañar) sobre ese algo particular.
¿No es más cierto que el ignorante, aun
queriendo decir la mentira, muchas veces diría, por azar, la verdad
involuntariamente, a causa de su no saber, y que tú, en cambio, que eres sabio,
si quisieras mentir, mentirías siempre del mismo modo?
4. Se deduce entonces que el más veraz y el más
mentiroso son la misma persona y no dos personas distintas, pues como se dijo
es el más capaz (el experto).
¿Luego un mismo hombre es capaz de decir la
mentira y la verdad respecto a cuentas? Éste es el apto con respecto a ello, es
el experto en cálculo. (…)
Respecto a cuentas, Hipias, ¿quién será
mentiroso sino el apto? En efecto, éste es también capaz; éste es también
veraz. (…)
¿Ves que, respecto a esto, la misma persona
es mentirosa y veraz y que no es mejor el veraz que el mentiroso? En efecto,
son la misma persona y no son totalmente contrarios, como tú creías ahora
mismo.
Esta correspondencia
señalada entre conocimiento y capacidad que resulta esencial en la
filosofía de Sócrates pero que aquí se toma en el aspecto reducido de
“capacidad para decir la verdad” y “capacidad para mentir” es ilustrada
seguidamente en diversos saberes pues para él no habría ninguno en que no se
viese aplicada esta norma.
En la geometría…
¿No es también así en la geometría? Un mismo
individuo, el geómetra, es el más capaz de mentir y de decir la verdad respecto
a las figuras. (…)
¿No es cierto que el geómetra experto y
sabio es el más capaz para estas dos cosas y que, si alguien puede engañar con
respecto a las figuras, es éste el experto?
En la astronomía…
Luego también en la astronomía, si alguien
es mentiroso, el buen astrónomo lo será más; él es capaz de mentir; no el
incapaz, pues es ignorante. (…)
Por tanto, también en astronomía la misma
persona es mentirosa y veraz.
El anterior
razonamiento ha destruido la oposición veraz/mentiroso hecha por Hipias como
criterio de distinción entre Aquiles y Odiseo para juzgar al primero superior
que el segundo.
Sócrates ha expuesto que la verdad y la mentira en
tanto capacidad adquirida por el conocimiento pertenece a un mismo
hombre –el más apto o experto- y no ha dos hombres distintos y contrarios entre
sí.
En un intento por
salvar su distinción moral, Hipias afirma que Aquiles cuando miente lo hace involuntariamente.
mientras que Odiseo al mentir lo hace deliberada o voluntariamente, por lo que
seguiría siendo correcta su opinión de tener como superior a Aquiles.
Resulta convincente
para una moral del sentido común –posición desde la que nos habla Hipias- que
el hombre veraz sea distinto y superior moralmente al hombre mentiroso, y que
además el hombre que miente involuntariamente lo sea del que miente
voluntariamente.
Sin embargo, Sócrates, quien busca fundar su moral desde el
uso de la razón, le interpela diciendo que precisamente lo que se deduce del
razonamiento desarrollado y aceptado por los dos anteriormente es una
consecuencia completamente contraria: no sólo se ha demostrado que el veraz y
el mentiroso son un mismo hombre –el más apto- sino que esto implica que los
que mienten voluntariamente serían en virtud de su capacidad superiores a los
que mienten involuntariamente.
Los que causan daño a los hombres, los que
hacen injusticia, los que mienten, los que engañan, los que comenten faltas, y
lo hacen intencionadamente y no contra su voluntad, son mejores que los que lo
hacen involuntariamente.
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