QUINTA DEFINICIÓN: lo bello como lo útil o la capacidad de
hacer. (Sócrates)
Digamos, pues, que lo bello es propiamente
lo que nos es útil, y lo que me hace creer que esto es verdad es que llaman
ojos bellos no a aquellos que no ven nada, sino a los que son útiles para la
vista. (…)
En el mismo concepto decimos que el cuerpo
es bello porque es útil para la carrera y la lucha, y los mismo sucede con los
animales, un caballo, un gallo, una codorniz; vasos, carruajes, naves,
instrumentos de música y de otras artes, las mismas leyes, las ciencias, todo
esto lo llamamos bello, teniendo en cuenta la utilidad que de ello recibimos, y
considerando en cada uno de estos objetos lo que les hace útiles, sea
naturalmente, sea por efecto del arte, sea por la relación en qué y para qué
puedan ser útiles. Por el contrario, todo lo que es inútil lo encontramos feo…
(Págs. 239. 240)
Sócrates es quien de
nuevo propone una esta definición de lo bello en un intento de que el diálogo
avance; “lo bello como lo útil”.
Lo útil es concebido
aquí como toda capacidad de hacer, es decir, como poder –el ver para los ojos-.
El poder por lo tanto es una cosa bella y la
impotencia es una cosa fea. (Pág. 240)
Ahora bien, puesto
que el poder tomado en general, necesariamente se extiende también a la
capacidad de hacer el mal; “lo bello como lo útil” significaría algunas veces
que lo bello es la capacidad de realizar el mal, lo cual tanto Hipias como
Sócrates se niegan a aceptar.
REDEFINICIÓN: lo
bellos como lo útil o la causa del bien. (Sócrates)
El poder y lo útil con un fin bueno son lo
mismo que lo bello. (Pág. 240)
En un intento por
evitar la conclusión anterior –lo bello como la capacidad de hacer el mal-,
Sócrates limita la “capacidad de hacer” de lo útil; solo al bien. “lo bello
como lo útil” seria pues, lo bello como la producción del bien, el poder para
el bien, la causa del bien.
Sin embargo,
inmediatamente surge una consecuencia en el razonamiento que le resulta
incomodo a Sócrates aceptar y es la siguiente:
Si lo bello es la
causa del bien; lo bello es la causa eficiente y el bien el efecto. Luego, si
causa y efecto no son una misma cosa sino dos distintas; lo bello no sería lo
bueno y lo bueno no sería lo bello.
La causa no es la misma cosa que aquello de
que es causa, porque jamás una causa puede ser causa de sí misma. (…)
Por consiguiente la causa eficiente y el
efecto son dos cosas distintas. (…)
Lo bello es como el padre de lo bueno. (…)
El padre no es el hijo, ni el hijo el padre.
(…)
La causa no es el efecto, ni el efecto la
causa. (…)
Lo bello no es lo bueno, ni lo bueno lo
bello… (…)
¿Pero sostendremos que lo bello no es bueno,
y que lo bueno no es bello? (Pág. 241)
La negación de la
identidad entre lo bello y lo bueno es lo que hace que esta definición se
abandone.
SEXTA DEFINICIÓN: lo
bello como lo que produce placer a la vista y al oído. (Sócrates)
¿Será lo bello lo que produce placer? Por
esta palabra no entiendo toda clase de placeres, sino tan sólo los que
proporcionan la vista y el oído. ¿Cómo puede negarse esto? ¿No es muy cierto
que la belleza del hombre, de la pintura, de los ornamentos, regocija la vista?
Por otra parte, los cantos bellos, las bellas voces, en fin, toda la música,
las conversaciones y los discursos, ¿no nos causan igualmente placer? De suerte
que si a nuestro terco preguntón le decimos que lo bello es el placer, que
percibimos por el oído y por la vista, nos veremos libres de sus
importunidades. (Págs. 241, 242)
Esta definición que
también es sugerida por el mismo Sócrates, resulta fácilmente puesta en
cuestión con la sola enumeración de las cosas cuya belleza no percibimos necesariamente
como placer de la vista o del oído.
Pero las bellas leyes, las bellas
instituciones, ¿son bellas porque agradan a los ojos y a los oídos, o por
alguna otra belleza? (Pág. 242)
A pesar de esto,
Sócrates propone –a manera de ejercicio- que continúen con la suposición de que
el placer que se recibe por la vista y el oído es lo bello que tanto buscan y
se pregunta; ¿Cómo sería posible esto? ¿El placer identificado con lo bello
estaría en las dos vías de estos sentidos juntas y por separado? ¿En las dos
vías juntas, pero no en cada una de ellas por separado? ¿En cada una de ellas
por separado, pero no en las dos vías juntas?
Mientras Hipias es de
la idea de que no es posible que exista algo que estando en dos cosas por
separado no se encuentre en esas dos mismas cosas juntas y viceversa.
Si nosotros dos fuésemos justos, ¿no lo
seríamos el uno y el otro en particular?, y si el uno y el otro en particular
fuésemos injustos, ¿no lo seríamos los dos juntos? Lo mismo sucede con la
salud. Si cada uno de nosotros estuviese enfermo, herido o estropeado, ¿no lo
estaríamos ambos juntos? En igual forma, si ambos juntos fuésemos de oro, de
plata o de marfil; si ambos juntos fuésemos sabios, nobles, jóvenes o viejos,
dotados, en fin, de una cualidad propia del hombre, ¿no lo seríamos igualmente
el uno y el otro en particular? (Pág. 244)
Sócrates le ofrece un
ejemplo –aunque tomado de las matemáticas y no del mundo de los fenómenos- en
el que algo que son dos cosas por separado no lo son juntas y algo que son juntas
no lo son por separado.
Cada uno de nosotros es uno, y que los dos
juntos no somos lo que es cada uno, es decir, que los dos juntos somos dos y no
uno. (Pág. 244)
La incapacidad de
decidirse a cuál de las dos alternativas pertenecería el proceso que haría del
placer de la vista y del oído lo bello, les convence de abandonar el ejercicio
con esta definición.
SEPTIMA DEFINICIÓN: lo bello como la usufructo de la elocuencia.
¿Quieres saber en qué consiste la verdadera
belleza, la que es digna de este nombre? Pues consiste en hablar con elocuencia
en el senado, delante de un tribunal o de un magistrado cualquiera, hasta
producir la convicción y conseguir una recompensa, que no es pequeña, y sí la
mayor de todas, cual es el placer de salvar su vida, su fortuna y la de sus
amigos. A esto es a lo que debes aplicarte seriamente, y no a bagatelas y
niñerías, pobre y necia ocupación, que te hará pasar por insensato. (Pág. 246)
Más que una
definición, es ésta una enumeración encolerizada por parte de Hipias –al ver
desnudada su ignorancia- de las que cree son las ventajas de su vida sobre la
de Sócrates.
Sócrates por su
parte, ante la perspectiva de una vida así –que cree saber lo que no sabe,
usufructuándose del engaño y el error- se pregunta a sí mismo si no
es preferible la muerte antes que una vida semejante.
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