I. Marco del diálogo.
Lisimaco y Melesias
invitan a Nicias y Laques a presenciar una demostración de esgrima pues desean
contar con su consejo para dilucidar si este arte conviene o no a la educación
de sus hijos.
Formulado de una
manera general; ¿qué educación se les debe brindar a los jóvenes para hacerlos
hombres virtuosos?
Andamos indagando lo que deben aprender y la
educación que debemos darles para que se hagan hombres de bien, tanto cuanto
sea posible. (Págs. 43-44)
Sócrates –a quien por
sugerencia de Nicias le ha sido referida la cuestión-, recomienda la
reformulación del problema, indagando primero; ¿qué es la virtud?, antes
de entrar a examinar los medios que haría virtuosos a los jóvenes, pues afirma;
que sólo quien conoce lo que se quiere
alcanzar, está en condiciones de aconsejar e indicar la mejor manera de
lograrlo.
Es preciso, ante todo, que sepamos lo que es
la virtud; porque si lo ignoramos, ¿seremos capaces de dar consejos sobre los
medios de adquirirla? (Pág. 51)
Y es que, la prueba de que algo se conoce esta en su
capacidad para definirlo.
II. Cuestión.
Una nueva
puntualización del problema es hecha por Sócrates con el objetivo de delimitar
aun más la indagación; no definir la virtud en general, si no la parte de la
virtud que se suele ligar con la práctica de la esgrima; el valor.
Di, pues, ¿qué es el valor? (Pág. 51)
PRIMERA DEFINICIÓN: El valor como distintos ejemplos de valor. (Laques)
El hombre que guarda su puesto en una
batalla, que no huye, que rechaza al enemigo; he aquí un hombre valiente. (Pág.
51)
Sócrates subraya que
no pregunta que es el valor en casos específicos, si no, que es el valor en
todas las circunstancias posibles, pues una definición adecuada se fundamenta en lo
que siempre es lo mismo.
Quería saber de ti lo que es un hombre
valiente, no sólo en la infantería, sino también en la caballería y demás
especies de armas; y no sólo un hombre valiente en todo lo relativo a la
guerra, sino también en los peligros de la mar, en las enfermedades, en la
pobreza y en el manejo de los negocios públicos; y lo mismo un hombre valiente
en medio de los disgustos, las tristezas, los temores, los deseos y los
placeres; un hombre valiente que sepa combatir sus pasiones, sea resistiéndolas
a pie firme, sea huyendo de ellas, porque el valor, Laques, se extiende a todas
estas cosas. (…)
Trata de decirme lo que es esta cualidad,
que siempre es la misma en todas estas ocasiones tan diferentes. (…)
Defíneme de igual modo el valor; dime cuál
es esta facultad, que es siempre la misma en el placer, en la tristeza y en
todas las demás cosas de que hemos hablado y que no muda jamás, ni de
naturaleza ni de nombre. (Pág. 52)
SEGUNDA DEFINICIÓN: El valor como constancia. (Laques)
Me parece que es una disposición del alma a
manifestar constancia en todo, puesto que es preciso dar una definición que
comprenda todas las diferentes especies de valor. (Pág. 52)
Sócrates le
reconviene esta vez, indicándole que el valor no puede ser toda constancia del alma, pues siendo el valor una virtud, es por
lo tanto algo bueno y bello, y existen muchas formas de constancia que resultan
malas y vergonzosas como por ejemplo; la audacia insensata o el sostenerse por
imprudencia.
TERCERA DEFINICIÓN: El valor como ciencia. (Nicias)
Digo, que es la ciencia de las cosas que son
de temer y de las que no son de temer, sea en la guerra, sea en todas las demás
ocasiones de la vida. (Pág. 54)
Sócrates le recuerda a Nicias el que al comienzo de la indagación han
partido de la premisa de que el valor es una parte de la virtud y no toda la
virtud; compuesta también por otras partes como la templanza, la justicia, etc.
Luego señala como el temor se identifica siempre con sucesos futuros y
no con sucesos que ya pasaron o estrictamente presentes.
Creemos que las cosas temibles son las que
inspiran miedo y no temibles las que no lo inspiran. El miedo no lo causan, ni
las cosas sucedidas ya, ni las que en el acto suceden, sino las que se esperan;
porque el miedo no es más que la idea de un mal inminente. (Pág. 57)
Ahora bien, la
ciencia –dirá Sócrates- es siempre una y universal, por lo que se extiende
tanto al pasado, como al presente y al futuro de su objeto.
La ciencia tiene un carácter universal y
absoluto; no es una para las cosas pasadas y otra para las cosas del porvenir;
porque la ciencia siempre es la misma. Por ejemplo, en lo que mira a la salud,
siempre es la misma ciencia de la medicina la que juzga de ella y la que ve lo
que ha sido, lo que es y lo que será sano o enfermo. La agricultura, asimismo, juzga
de lo que ha venido, de lo que viene y de lo que vendrá sobre la tierra. (Pág.
57)
Así, si la ciencia es
lo que abarca el pasado, el presente y el futuro; resulta contradictorio hablar
de una ciencia de lo temible y de lo no temible –tal y como define Nicias al
valor-, ya que como se dijo; lo temible se restringe sólo al futuro.
Si el valor es una
ciencia, lo sería como ciencia de todos los bienes y de todos los males en
general, de esta forma su juicio no se restringiría a ningún tiempo.
Sin embargo, una
ciencia tal, ya no sería sólo una parte de la virtud (premisa convenida al
inicio), si no un todo que eliminaría la necesidad de las demás virtudes.
¿Piensas que un hombre valiente esté privado
de una parte de la virtud, poseyendo la ciencia de todos los bienes y de todos
los males pasados, presentes y futuros? ¿Crees que semejante hombre tendrá
necesidad de la templanza, de la justicia y de la santidad, cuando puede
precaverse prudentemente contra todos los males que le puedan venir de parte de
los hombres y de los dioses y proporcionarse todos los bienes a que pueda
aspirar, puesto que sabe cómo debe conducirse en cada lance que ocurra? (Pág.
58)
De esta manera el
diálogo termina en un estado aporético.

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