martes, 10 de julio de 2012

HIPIAS MAYOR ( II )

QUINTA DEFINICIÓN: lo bello como lo útil o la capacidad de hacer. (Sócrates)
Digamos, pues, que lo bello es propiamente lo que nos es útil, y lo que me hace creer que esto es verdad es que llaman ojos bellos no a aquellos que no ven nada, sino a los que son útiles para la vista. (…)
En el mismo concepto decimos que el cuerpo es bello porque es útil para la carrera y la lucha, y los mismo sucede con los animales, un caballo, un gallo, una codorniz; vasos, carruajes, naves, instrumentos de música y de otras artes, las mismas leyes, las ciencias, todo esto lo llamamos bello, teniendo en cuenta la utilidad que de ello recibimos, y considerando en cada uno de estos objetos lo que les hace útiles, sea naturalmente, sea por efecto del arte, sea por la relación en qué y para qué puedan ser útiles. Por el contrario, todo lo que es inútil lo encontramos feo… (Págs. 239. 240)

Sócrates es quien de nuevo propone una esta definición de lo bello en un intento de que el diálogo avance; “lo bello como lo útil”.

Lo útil es concebido aquí como toda capacidad de hacer, es decir, como poder –el ver para los ojos-.
El poder por lo tanto es una cosa bella y la impotencia es una cosa fea. (Pág. 240)

Ahora bien, puesto que el poder tomado en general, necesariamente se extiende también a la capacidad de hacer el mal; “lo bello como lo útil” significaría algunas veces que lo bello es la capacidad de realizar el mal, lo cual tanto Hipias como Sócrates se niegan a aceptar.


REDEFINICIÓN: lo bellos como lo útil o la causa del bien. (Sócrates)
El poder y lo útil con un fin bueno son lo mismo que lo bello. (Pág. 240)

En un intento por evitar la conclusión anterior –lo bello como la capacidad de hacer el mal-, Sócrates limita la “capacidad de hacer” de lo útil; solo al bien. “lo bello como lo útil” seria pues, lo bello como la producción del bien, el poder para el bien, la causa del bien.

Sin embargo, inmediatamente surge una consecuencia en el razonamiento que le resulta incomodo a Sócrates aceptar y es la siguiente:
Si lo bello es la causa del bien; lo bello es la causa eficiente y el bien el efecto. Luego, si causa y efecto no son una misma cosa sino dos distintas; lo bello no sería lo bueno y lo bueno no sería lo bello. 

La causa no es la misma cosa que aquello de que es causa, porque jamás una causa puede ser causa de sí misma. (…)
Por consiguiente la causa eficiente y el efecto son dos cosas distintas. (…)
Lo bello es como el padre de lo bueno. (…)
El padre no es el hijo, ni el hijo el padre. (…)
La causa no es el efecto, ni el efecto la causa. (…)
Lo bello no es lo bueno, ni lo bueno lo bello… (…)
¿Pero sostendremos que lo bello no es bueno, y que lo bueno no es bello? (Pág. 241)

La negación de la identidad entre lo bello y lo bueno es lo que hace que esta definición se abandone.


SEXTA DEFINICIÓN: lo bello como lo que produce placer a la vista y al oído. (Sócrates)
¿Será lo bello lo que produce placer? Por esta palabra no entiendo toda clase de placeres, sino tan sólo los que proporcionan la vista y el oído. ¿Cómo puede negarse esto? ¿No es muy cierto que la belleza del hombre, de la pintura, de los ornamentos, regocija la vista? Por otra parte, los cantos bellos, las bellas voces, en fin, toda la música, las conversaciones y los discursos, ¿no nos causan igualmente placer? De suerte que si a nuestro terco preguntón le decimos que lo bello es el placer, que percibimos por el oído y por la vista, nos veremos libres de sus importunidades. (Págs. 241, 242)

Esta definición que también es sugerida por el mismo Sócrates, resulta fácilmente puesta en cuestión con la sola enumeración de las cosas cuya belleza no percibimos necesariamente como placer de la vista o del oído.
Pero las bellas leyes, las bellas instituciones, ¿son bellas porque agradan a los ojos y a los oídos, o por alguna otra belleza? (Pág. 242)

A pesar de esto, Sócrates propone –a manera de ejercicio- que continúen con la suposición de que el placer que se recibe por la vista y el oído es lo bello que tanto buscan y se pregunta; ¿Cómo sería posible esto? ¿El placer identificado con lo bello estaría en las dos vías de estos sentidos juntas y por separado? ¿En las dos vías juntas, pero no en cada una de ellas por separado? ¿En cada una de ellas por separado, pero no en las dos vías juntas?

Mientras Hipias es de la idea de que no es posible que exista algo que estando en dos cosas por separado no se encuentre en esas dos mismas cosas juntas y viceversa.
Si nosotros dos fuésemos justos, ¿no lo seríamos el uno y el otro en particular?, y si el uno y el otro en particular fuésemos injustos, ¿no lo seríamos los dos juntos? Lo mismo sucede con la salud. Si cada uno de nosotros estuviese enfermo, herido o estropeado, ¿no lo estaríamos ambos juntos? En igual forma, si ambos juntos fuésemos de oro, de plata o de marfil; si ambos juntos fuésemos sabios, nobles, jóvenes o viejos, dotados, en fin, de una cualidad propia del hombre, ¿no lo seríamos igualmente el uno y el otro en particular? (Pág. 244)

Sócrates le ofrece un ejemplo –aunque tomado de las matemáticas y no del mundo de los fenómenos- en el que algo que son dos cosas por separado no lo son juntas y algo que son juntas no lo son por separado.
Cada uno de nosotros es uno, y que los dos juntos no somos lo que es cada uno, es decir, que los dos juntos somos dos y no uno. (Pág. 244)

La incapacidad de decidirse a cuál de las dos alternativas pertenecería el proceso que haría del placer de la vista y del oído lo bello, les convence de abandonar el ejercicio con esta definición.

SEPTIMA DEFINICIÓN: lo bello como la usufructo de la elocuencia.
¿Quieres saber en qué consiste la verdadera belleza, la que es digna de este nombre? Pues consiste en hablar con elocuencia en el senado, delante de un tribunal o de un magistrado cualquiera, hasta producir la convicción y conseguir una recompensa, que no es pequeña, y sí la mayor de todas, cual es el placer de salvar su vida, su fortuna y la de sus amigos. A esto es a lo que debes aplicarte seriamente, y no a bagatelas y niñerías, pobre y necia ocupación, que te hará pasar por insensato. (Pág. 246)

Más que una definición, es ésta una enumeración encolerizada por parte de Hipias –al ver desnudada su ignorancia- de las que cree son las ventajas de su vida sobre la de Sócrates.
Sócrates por su parte, ante la perspectiva de una vida así –que cree saber lo que no sabe, usufructuándose del engaño y el error- se pregunta a sí mismo si no es preferible la muerte antes que una vida semejante.

HIPIAS MAYOR.



MARCO DEL DIÁLOGO.
Hipias, Ufano por considerarse uno de los hombres mejor pagados por la enseñanza de su sabiduría – aun llegando a afirmar que este detalle por sí sólo es una prueba de que él es más sabio que los antiguos filósofos- , manifiesta satisfacción por que acaba de ser grandemente admirado por un discurso suyo sobre “las bellas ocupaciones que convienen a los jóvenes”.
Sócrates aprovecha este comentario para interrogarle por la naturaleza de lo bello, pues considera que sólo se puede enseñar y aconsejar sobre lo que se conoce.

La pregunta es estructurada de la siguiente forma:
¿Los que son justos no lo son mediante la justicia? (…)
¿La justicia es alguna cosa en sí misma? (…)
En igual forma, ¿Los sabios no son sabios mediante la sabiduría, y lo que es bueno no lo es mediante el bien?  (…)
La sabiduría y el bien, ¿Son cosas reales? (…)
Todo lo que es bello, ¿No lo es igualmente mediante lo bello? (…)
Lo bello, por consiguiente, ¿Es alguna cosa en sí? (…)
¿Qué es lo bello?  (Pág. 233)

Luego, se hace claridad de que se está preguntando no por lo que es bello o por las cosas bellas, sino qué es lo bello en sí.


PRIMERA DEFINICIÓN: lo bello como una cosa bella (una joven hermosa).
En una palabra, Sócrates, puesto que es preciso decirte la verdad, lo bello es una joven hermosa. (Pág. 234)

Hipias ha pasado por alto la reciente advertencia de Sócrates sobre lo que es una definición adecuada. Ha brindado como definición de lo bello; un ejemplo de belleza (una joven hermosa) y no lo que se le sugirió desde el comienzo; lo que es bello en sí y por lo que todas las cosas que participan de él son bellas. En una palabra; lo que hace que todas las cosas bellas (incluida una joven hermosa) sean bellas.

En un nuevo intento por fijar la distinción entre las cosas particulares y lo que es “en sí”, además de intentar explicar porque la definición adecuada se fundamenta en esto último y no en las primeras; Sócrates, enumera distintas cosas bellas a Hipias –unas hermosa yegua, una hermosa jaca, una hermosa lira, una hermosa marmita- y le pregunta si efectivamente estas cosas son o no son bellas.

Hipias como es de esperar contesta que si lo son, pero añade que no lo serían en el mismo grado que una joven hermosa.
Un vaso bien trabajado es bello a la verdad, pero si le comparas con una jaca, con una joven hermosa o con otras cosas bellas, no merece ser llamado bello.  (Pág. 235)

De esta forma Hipias reconoce entre las cosas particulares cierta jerarquía –en este caso de lo bello- pero por esto mismo ha sembrado la consecuencia que anula su propia definición: la jerarquización demuestra que las cosas particulares sólo poseen las cualidades de una manera relativa o accidental, por lo que no se puede fundar adecuadamente una definición en ellas ya que una misma cosa es una veces más bella y menos bella en relación a otras.
¿Si se compararan las jóvenes con las diosas, no se dirá de ellas lo que se decía de la marmita comparada con una mujer hermosa? ¿La más bella de todas las jóvenes no sería fea respecto de una diosa?  (Pág. 235)

La indagación filosófica se pregunta por lo que siempre “Es”,  independientemente de las circunstancias y no, por lo que unas veces “es” y “no es”. Se pregunta por lo que es lo bello y no, que tan pronto es bello, tan pronto feo.

¿Te parece aún que lo bello en sí mismo, que adorna y hace bellas todas las demás cosas desde el momento  que en ellas se muestra, haya de ser una doncella, una yegua, una lira?  (Pág. 235)


SEGUNDA DEFINICIÓN: Lo bello como algo que se aplica, que adorna (el oro).
Lo bello que busca no es otra cosa que el oro (…), porque no hay duda que el oro, aplicado a una cosa, de fea que era antes la hace bella. (Pág. 235)

Desde el comienzo de la estructuración de la pregunta por lo “en sí”, se estableció que sus dos mayores características eran que no variaba, es decir, que su naturaleza es independiente de las circunstancias, y que se transmitía en las cosas particulares, definiéndolas –lo bello “en sí” es lo que transmite la belleza a todas las cosas bellas-.

Hipias erróneamente trata de asir esta característica de “transmisión” de lo “en sí”; con el oro, afirmando que su sola aplicación bastaría para que las cosas resultasen ser bellas.

Esta cualidad del oro de embellecer para nada es una cualidad universal y resulta tan parcial como todas las demás cosas del mundo, e igual que ellas estando sujetas a las circunstancias.

Sócrates refiere como ejemplo el hecho de que el gran escultor Fidias no realizase su escultura de Minerva toda en oro y más bien opto por la proporción de diversos materiales para lograr un mayor efecto de belleza en su obra.

Así mismo, si se establece como premisa que lo que cuadra bien o es más conveniente a una cosa, es por esto más bello. Se puede observar como para revolver una marmita resulta más adecuada una cuchara de higuera que una de oro.
¿De las dos cucharas, la de higuera y la de oro, cuál conviene más a la marmita? Creo que la de higuera, porque da buen olor a las verduras, y con ella no puede romperse la vasija, lo que sería una desgracia, porque toda la sustancia se derramaría, el fuego se apagaría y los convidados quedarían a buenas noches. La cuchara de oro causaría todos esos desastres, y por esta razón me parece, que en tal caso debe preferirse la cuchara de higuera a la de oro…  (Pág. 236)


TERCERA DEFINICIÓN: lo bello como muchas cosas bellas.
Digo, pues, que en todo lugar, en todo tiempo, y por todo el mundo es siempre una cosa muy bella el buen comportamiento, ser rico, verse honrado por los griegos, alargar mucho la vida, y en fin, recibir de tu posteridad los últimos honores con la misma piedad y la misma magnificencia con que han sido dispensados a sus padres y sus mayores. (Págs. 236, 237)

Esta tercera definición reincide en el mismo error señalado en la primera definición; que es el definir con un ejemplo, con una cosa determinada, aunque ahora se pase a definir recurriendo a muchos ejemplos o cosas particulares.

Sócrates insiste en que la pregunta es por “lo que siempre es”.
¿Qué es lo bello para todo el mundo y para siempre? (…)
Lo bello, es decir, lo verdaderamente bello, lo es de todos los tiempos, lo es siempre. (Pág. 237)

No se puede pues, responder con ejemplos –por muchos que sean- a causa de que las cosas particulares unas veces son y otras no son dentro del flujo del tiempo.

CUARTA DEFINICIÓN: lo bello como lo que conviene. (Sócrates)
Cuando dijimos que el oro es bello si cuadra bien a los objetos, y feo si no les cuadra, y, por consiguiente, si todas las cosas en las que se encuentra esta conveniencia, son de hecho bellas. Mira, Sócrates, y considera esta armonía y conveniencia en sí misma y juzga si su naturaleza no será la de lo bello. (Pág. 238)

“Lo que conviene como lo bello” es una definición propuesta por el mismo Sócrates para ser analizada en este punto y la cual se veía ya implícita en el análisis de la segunda definición.

El éxito de esta definición –nos dice él- depende si “lo conveniente” hace a las cosas realmente bellas o sólo en apariencia –que parezcan bellas-.

Esta distinción entre verdad y apariencia se hace necesaria ya que muchas veces lo verdadero puede ignorarse –aunque su naturaleza se mantenga invariable en las sombras de esa ignorancia-, mientras que lo aparente o ilusorio es por naturaleza percibido –aunque no sea real-.

Como Hipias sostiene que “lo conveniente” hace que las cosas parezcan bellas, no puede ser lo bello y abandonan esta definición.